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Alfons Garcia

Los libros y las misas

Joan Ribó Alfredo Castelló

La realidad suele presentar una cara visible y otra que requiere un esfuerzo para iluminarla. Es curioso. Se ha montado un pequeño cirio local por la ausencia de Joan Ribó en la celebración del Día de la Virgen de los Desamparados, tan popular y sudoroso. Tan valenciano. Tan fervoroso y festivo. La fe en estas tierras sureñas del Mediterráneo hay que demostrarla con gritos, cantos y empujones. Sin embargo, el alcalde de València, ese domingo de sol, prefirió pasar por la Fira del Llibre, que cerraba sus puertas ese día. Por su figura institucional, la derecha le reclama que debía haber acudido al acto de fe. Tengo mis dudas. Por respeto a la gente que asiste, podía haber estado. Como lo hicieron muchos otros cargos públicos, incluidos algunos de su partido, como el presidente de las Corts y el concejal de fiestas y menesteres de este cariz. Pero que como alcalde tenga que estar en un acto religioso, no.

Esa ha sido la cara visible de la realidad, la que se ha enfocado para beneficio electoral además de Ribó en un gesto extraño de una derecha ducha en cuentas de aprovechamiento electoral. Porque para Ribó la rentabilidad es mayor si no va y además lo señalan. Fideliza voto, como mínimo. Los suyos, la izquierda más a la izquierda, encuentran a un alcalde que les representa. Si además, lleva siete años sin ir, no había ni factor para tanta sorpresa, a no ser que alguien esperara una conversión de fe después de la pandemia.

La cara menos visible de esta realidad, y más representativa de esta sociedad valenciana, es que nadie se cuestione por la ausencia de los políticos de la derecha en la Fira del Llibre. No consta en las agendas ni en los registros de la organización que el presidente del PP valenciano, Carlos Mazón, haya pasado por las casetas de los Jardines de Viveros en estos quince días. Sí pasó la candidata a alcaldesa del PP, María José Catalá. Sí ha ido, con propuestas de crecimiento además, el president de la Generalitat, Ximo Puig, y sí han estado el conseller del ramo y el presidente de la diputación. De PSPV y Compromís. Pero el líder de la derecha, no consta. Y se supone que debe considerarse normal. Vivimos en un lugar donde es anormal que un alcalde (de izquierdas) no vaya a un acto de fervor religioso, pero no es significativo que dirigentes conservadores ignoren una cita cultural importante. ¿En qué rincón del mundo estamos? Un país donde los libros (la cultura) son casi exclusivos de la izquierda no es un país normal, es un lugar inválido, fallido, cojo. ¿Puede sostenerse en 2022 el argumento de que los organizadores de la Fira, el gremio de libreros y la asociación principal de editores, son ‘pancas’ y ‘rojos’? ¿En ese grado de desarrollo político y social estamos aún?

Aquí seguimos, los unos y los otros. Los unos, en las cosas verdes, la cultura y huyendo de las iglesias. Y los otros, de misa, con teja y mantilla si hace falta y huyendo de los libros. Como si el tiempo no hubiera pasado. Como si ayer fuera hoy. Como si València fuera un símbolo de España. La verdadera noticia será el día en que, en un Estado aconfesional, un alcalde de la derecha no vaya por voluntad propia al acto religioso de la ciudad, se acerque a la Fira del Llibre y no pase absolutamente nada.

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