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Esquivel

Sí, hora de entrenarse

Lo de la autoridad de Pekín contra el covid es de otro mundo. En torno a la aplicación estricta del confinamiento, se ha visto de todo. Ni un paso atrás pese a existir grandes reservas sobre que la política de «tolerancia cero» sea la más efectiva frente a ómicron y su récord. Se han registrado somanta de palos por parte de los vigilantes al salir vecinos del portal. En Shanghái, donde la economía está boquerón, las revueltas han sido finas filipinas. Madres que han dejado unos minutos a la criatura para hacer compra no han podido regresar porque en ese intervalo el edificio quedó sellado. En su día se decretó el test anal obligatorio para visitantes extranjeros, por lo que a la hora de llevar al personal de culo prevalece claramente la igualdad. Para que luego digan del régimen.

En contraste, lo nuestro y el relanzamiento de las fiestas populares con las que no hay quien pueda. Al consejero de Sanidad andaluz solo le faltó el clavel reventón en la boca para ir de caseta en caseta, aunque nada se lo impedía salvo el jamoncito. Resultado en titulares: «La Feria y el fin de las mascarillas meten a la ciudad de lleno en la séptima ola». Los radares vienen semanas detectando que, aún sin faralaes, asistimos a un baile de plebe cercana repleto de lunares. Es una plaga de tinte griposo. El propio virus, que es el que es en Shanghai o en Triana, al observar la forma de hacerle frente verá que atesoramos casi tantas variantes como él exceptuando la del término medio no vaya a ser que nos diera por la virtud.

Tras meses de vaivenes, el caso es que ni había disfrutado del de antígenos ni de ná. Creía tener un reportaje cuando mi epidemiólogo de referencia, Oriol Mitjà, advierte que el 30% de la población podría contagiarse y son esos «mayores de 60 sin infectar los de mayor riesgo». Dicho y... Tos, fiebre, malestar, palo nasal y positivo que te crió. Mira que me lo tengo prescrito. Métete menos en las historias, tontolaba.

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