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Juan José Millás.

Tropezar con el carácter

Un tipo, en el metro, se afeitaba tranquilamente la barba con una maquinilla eléctrica. Iba sentado delante de mí que lo observaba con una mezcla de admiración y censura. Se estiraba la piel del cuello en aquellas zonas donde las cuchillas actuaban con más dificultad mientras mantenía la mirada perdida en un punto del espacio, muy cercano a su rostro, donde parecía disponer de un espejo invisible para los demás viajeros. Se miraba en él con los gestos que componemos al afeitarnos en el cuarto de baño. La mayoría de la gente fingía no verlo, pues aceptar su existencia habría implicado la aprobación de una actitud indecorosa. El afeitado es un acto íntimo, de carácter doméstico. Es cierto que no le hacía daño a nadie, pero qué pasaría si a alguien le diera por cepillarse los dientes. Hay mujeres que se aplican el rímel a las pestañas, pero eso no molesta a nadie, la verdad.

En esto, entró en el vagón un vigilante que se limitó a observar críticamente al que se afeitaba, aunque sin llamarle al orden, lo que le fue reprochado por uno de los viajeros.

-Debería usted prohibirle que se asee delante de todos – le espetó.

El vigilante se acercó de mala gana al infractor solicitándole que cesara en su actividad.

-Es que voy al hospital, a ver a mi madre -se defendió el hombre-. Está muriéndose y quiero que me vea aseado. Siempre se quejó de mi barba de tres días.

La respuesta nos dejó a todos congelados. Mirábamos hacia abajo o hacia arriba. Se hizo un silencio interrumpido sólo por el zumbido de la maquinilla de afeitar, que el hombre sostenía en el aire, como a la espera del veredicto del vigilante, que finalmente decidió:

-Bueno, pero acabe cuanto antes.

El sujeto continuó, pues, arreglándose frente a su espejo invisible. Al poco, el que había empujado al vigilante a que le llamara la atención se disculpó:

-Usted perdone, he tropezado con mi carácter.

Y esto es lo que más me conmovió del asunto: el hecho de que alguien considerara que su carácter era un obstáculo a evitar.

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