Lo menos que se puede decir cinco días después del domingo electoral andaluz es que Juanma Moreno no ha restado, ha sabido sumar e incluso multiplicar desbordando los cálculos más optimistas. Votantes de izquierdas le han apoyado para frenar a Vox, a los suyos no los ha espantado, y a buen seguro que habrá en su abultada mayoría absoluta algún que otro ultra que le ha preferido a Macarena Olona, la candidata con padrinos pero sin padrón. Los partidos de izquierdas han hecho suya la abstención, criticando con dureza a quien prefirió irse a la playa antes que participar en la fiesta de la democracia. Un diagnóstico infantil digno de los tiempos que corren. Últimamente vamos a las playas cercanas para ahorrar gasolina, porque es un ocio refrescante y barato; ese también es un elemento que se debe tener en cuenta en el análisis postelectoral. Otro factor sería la ola de calor sin poner el aire acondicionado para economizar luz, hasta que sudas las ganas de volver a confiar en quienes no se tomaron la molestia de presentar una candidatura progresista conjunta en tiempo y forma. Y la inflación: puede que con la capacidad de ahorro menguante se libere el voto cautivo. Pedro Sánchez, está claro, no ha sumado y su cabeza de lista Juan Espadas ha penalizado porque para eso fue designado, para no dar sombra. El inquilino de la Moncloa ha prometido «volver a pisar la calle», intención que revela que lleva un tiempo instalado confortablemente junto al ventilador, escuchando a quienes le dicen que la culpa es de la serie de catastróficas desdichas que nos azotan, y que también esto pasará. Su único motivo para el optimismo, observando a Feijóo tan crecido a diestra, debe ser percatarse de que su rival a siniestra no tiene mejor panorama. La suma de Por Andalucía y Adelante Andalucía ha perdido 10 escaños, y la semana de Yolanda Díaz empeora.

Ilustración: Elisa Martínez

La anfitriona de la vicepresidenta del Gobierno cuando hace unos meses anticipó su aventura personal en la reunión ‘Otras políticas’ fue Mónica Oltra. En la foto fundacional se abrazaban la líder de Compromís, Ada Colau, Mónica García de Más Madrid, la ceutí Fátima Hamed y una Díaz que vaticinaba que «la calle está buscando algo diferente». Una imagen muy potente de empoderamiento femenino, alianzas y alternativa incluso a las nuevas formaciones post bipartidismo quemadas en una legislatura complicada, a la que no fueron invitadas las ministras de Podemos. Tras su imputación hace una semana por el presunto encubrimiento del caso de abuso a una menor tutelada por el que su exmarido fue condenado a cinco años de cárcel, Oltra tiró por la calle de en medio y bailó en la fiesta de su partido, rechazando dimitir como vicepresidenta de Valencia. No le ha quedado más remedio que hacerlo, para cumplir con el código ético que los partidos de izquierda imponen en sus filas y exigen a la derecha. Queda liberada para que participe en la investigación judicial de un asunto especialmente grave para una feminista, encargada desde su departamento de la protección a la infancia. Su marcha «con la cara bien alta y los dientes apretados» deja a Yolanda Díaz un poco más sola en la creación de la plataforma con la que quiere ser candidata a presidir el Gobierno. Valencia fue testigo «del comienzo de algo maravilloso», cómo imaginar que el camino resultaría tan accidentado.