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Esquivel

La ventana

Francisco Esquivel

Una historia de película

Vamos al grano. «La brigada de la cocina» es una cinta francesa estrenada recientemente. Posee carga social, pero no te da la tarde, sino que el duro material progresa envuelto en tono amable. El director se caracteriza por trasladar a la pantalla los aspectos más comprometidos del mundo que nos rodea, dándoles el gachó un toque la mar de salado. Gran parte de los planos están inmersos en el interior de un centro de acogida de menores extranjeros no acompañados y proyecta cómo de contar la fórmula con medios, con profesionales que no pierdan de vista el rigor necesario para lograr la complicada adaptación y apostar por la especialización, entre otros condimentos, una vía de salida fructífera es posible. Al terminar se ofrece el teléfono de una asociación que sirve de enlace entre formadores y empresarios con necesidad de contratar. Más de cinco mil llamadas se han producido en el país vecino. Otra ventaja de acudir a la sala es que será difícil compartirla con alguien de Vox. No sea que vayan y les haga tilín.

    Coincidiendo con la cinematográfica historia ha salido a la luz que, a diferencia de todos los que siguen colgados, uno de los chavales que con 17 años llegó a bordo del Aquarius ha encontrado su sitio a través de una oenegé en una panadería señera, un horno antiguo en el que ha aprendido el oficio desde menos cero porque cuando entró no hablaba ni papa el idioma hasta el punto de que le reclamaban un tomate y llevaba un pepino. Pero Ousman sabía que estaba ante la oportunidad de su vida tras salir por piernas de Gambia y todo lo que no entendía lo aprendió fijándose en la forma que la jefa, armada de paciencia y que hoy lo califica de gran trabajador que inspira mucha confianza, estiraba la masa una vez y otra. Y, ya situado, no ha perdido el tiempo. Se ha casado con la seño de español, espera una criatura y, como no podía ser menos, anda embarcado en un crédito hipotecario. El pobre.

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