Titular así este breve comentario meteorológico puede resultar chocante en plenos días de fuerte calor en nuestro país. Pero estos días se están produciendo hechos interesantes en relación con la consideración social del cambio climático. Hasta los más reticentes a admitir que el clima terrestre está cambiando y que este cambio se debe a la modificación humana del balance energético planetario, señalan estos días que “algo está pasando” y que ya quedan pocas dudas de que “el clima terrestre está cambiando”. Las olas de calor, que crean una secuencia de jornadas de disconfort térmico con efectos evidentes en la salud humana, se han convertido en la mejor aliada para la conversión de los poco crédulos del cambio climático.

Lo curioso es que estas secuencias de elevado calor no son el efecto más importante del calentamiento climático. Al menos en nuestro país. Pero es lo que más “molesta” porque las temperaturas no dan tregua ni de día ni de noche. La repercusión en las precipitaciones si es lo que más nos debe preocupar. Y el calentamiento de los mares que rodean nuestro territorio, especialmente del Mediterráneo.

Pero las olas de calor se han convertido en el bálsamo contra incrédulos del cambio climático. Ya no hay quien dude en estos días de fuerte calor de que el clima está cambiando. Otra cosa es que el cambio climático sea la excusa de todo lo malo que pasa (pocas reservas de agua, incendios forestales). Estos procesos tienen causas más variadas y profundas que el simple calor de una oleada sahariana. No banalicemos el problema más importante de la humanidad en este siglo por ocultar falta de gestión sostenible del agua y de los territorios.