“Desde los doce o trece años venía con mi abuelo, fue el primer campo que visité y fue con él; aunque baje a segunda sigo viniendo, no soy de los que si baja no renueva el abono”. Daniel de treinta y seis años asistió a la presentación del recuperado canterano, mediocentro ofensivo del Levante U.D., Vicente Iborra. Acudiría al estadio Ciutat de València junto a su hijo de seis años Hugo, demostrando ese “sentimiento, sobre todo”, que aúna a la hinchada levantinista de “diverso perfil” y “muy sentimental, que sabe entender el valor de las pequeñas cosas”.

¿Fomentan ese temple los clubes omnipotentes en manos de finanzas especuladoras, bribones o ricachones internacionales? ¿Por qué un deporte tan cercano al pueblo se ha convertido en mera mercancía? ¿Clubes pobres y clubes ricos?

“A lo mejor fue mi abuelo quien me enseñó a ser feliz, lo primero que recuerdo de él son sus manos gruesas y peludas, morenas, bajando del parral y poniendo en mi boca de niño una uva maravillosa de un color inolvidable; para siempre después el de esa uva fue el sabor de mi vida…me llevó el abuelo a domar burros al campo de fútbol”, escribía el periodista canario Juan Cruz en La foto de los suecos.

Las gradas alrededor de la tribuna “granota” reventaban de afición coreando arengas y estribillos. “¡Iborra es de los nuestros, es de los nuestros, Iborra es de los nuestros!”.

¿Fútbol sueño dorado infantil? Jugar al fútbol ha unido a razas de un mismo país, a la infancia atrapada en las atrocidades de las guerras, víctima de seculares abusos sexuales plasmados hasta en Los Caprichos obra de Francisco de Goya. Jugar al fútbol con pelotas hechas de trapos, o con una lata, distrae de la marginación y el hambre. Niños y niñas que juegan al fútbol no lo hacen por el anhelo de convertirse en estrellas del balompié, juegan para divertirse. A Hugo, el mencionado hijo de Daniel, le gustaría ser futbolista de mayor reconociendo que “ser un futbolista famoso es muy difícil”.

Fusionado el Levante F.C. y su hinchada de poblados marítimos con el C.D. Gimnástico de raíz jesuítica, que “provenía de sectores burgueses de la ciudad y en ella se reunían aficionados religiosos, empresarios medios”, surgió el Udelage (Unión Deportiva Levante Gimnástico) según especifica Salvador Regües Gil insigne levantinista, crítico de cine y articulista quien también apunta en su libro Levante: del Udelage al nuevo milenio, que “el apelativo “Granota” viene de cuando el Gimnástico jugaba en el río Turia al lado de un criadero de ranas”

La Federación Española de Fútbol, fomentada por el general José Moscardó, delegado Nacional de Deportes, presidente del Comité Olímpico Español y procurador en las Cortes Parlamentarias, con el firme deseo de “reconducir” el fútbol, fue presidida por un militar en la temporada de mil novecientos treinta y nueve-cuarenta, el teniente general, posteriormente presidente del Sindicato Nacional de Transportes y procurador en las Cortes, Julián Troncoso Sagredo quien tan sólo otorgó a Valencia un puesto en primera división, evidentemente, para el Valencia C.F.

“Los clubs, las federaciones y los jugadores han dejado de ser entidades que funcionan con independencia y hasta con anarquía muchas veces, para convertirse en elementos sumisos al mecanismo deportivo del Estado, al que tienen la obligación de servir”. Declaraba el susodicho militar. “Los clubs serán severamente inspeccionados y no habrá jamás, en ningún caso, beneficios económicos, ni tendrán otras finalidad que las puramente deportivas, ateniéndose los responsables a las consecuencias de sus errores” redacta Vicent Masiá para el portal digital La Futbolteca.

¿Hasta cuándo entes militares prorrumpirán en acciones científicas, culturales, deportivas, educacionales, empresariales, sociales, ¡políticas! económicas?

“Con cinco o seis años ya empecé, fue llegar a ser mayor y decir ¡soy del Levante!” declara Manuel un adolescente de catorce años con la ilusión reflejada en sus azules pupilas y que para la ocasión vestía una camiseta negra con la palabra Levante impresa en blanco en el torso. Negro y blanco, colores elegidos para la segunda equipación, en la temporada dos mil veintidós-veintitrés.

“Estamos esperando veros y sentiros aquí dentro, sabéis lo especiales que sois para mí, lo único que os puedo prometer es mi compromiso por esta hinchada que va a ser cada día más grande”, dijo el jugador moncadense de treinta y cuatro años.

Si algo es indispensable en todo club de fútbol es la participación activa de su público en cada escenario y etapa. El Levante U.D. tiene esa magia. Entre sus filas Regües cita al filólogo y crítico de Artes Escénicas José Vicente Peiró, al director, realizador y guionista cinematográfico Pau Martínez y al pintor Juan de Ribera Luis Berenguer Palau.

“¡Somos más!” apunta Manuel, “la grada de animación se está haciendo más grande y eso me gusta mucho”.

“¡Levante tu color es sólo mío!”.

Los aplausos son estruendo. El clamor no cesa. El jugador sale al campo. “¡Iborra, Iborra, Iborra!”. Multitud de jóvenes, niños y niñas, personas septuagenarias, familias al completo, hombres y mujeres, grupos de amistades. ¡Diversidad! Se respira unión. “Sólo tengo palabras de agradecimiento por toda esa ilusión que me trasmitís” dice el nuevo fichaje antes de chutar balones al público y lanzar bufandas del club.

¿La infancia como valioso acicate para la supervivencia de cualquier club? Iborra no duda en afirmar: “He tenido la suerte de conseguir el sueño que ellos tienen, para mí no es nada más importante que eso”.

“Fue un referente hace tiempo, siendo más adulto puede liderar al equipo y más ahora en un momento crucial de ascender”. ¿Ascensos y descensos por gestión exógena o por calibre? Sentenciaba el diplomático Nicolás Maquiavelo: “Quien se contenta con una media victoria, a menudo queda mejor parado que el que quiere la victoria total”.

Refiere Regües del histórico delantero Ramón Balaguer, uno de los artífices de la subida a primera división del Levante U.D.: “algunos amigos le aconsejaron que se fuera de Valencia, a causa de que un hermano suyo había pertenecido a la “Quinta columna” republicana en la contienda”.

¿Por qué no se desentrañan públicamente represalias que también torturaron al deporte?

¿Fútbol femenino con iguales salarios a los montantes medios estipulados, según convenio, para la segunda división española, de cinco mil trescientos euros mensuales, en catorce pagas, más la subida del IPC (Índice Precios al Consumidor-a?

“Poco a poco irá a más el fútbol femenino” asevera el forofo Daniel quien gustaría de apuntar a su hijo a la escuela “granota” de fútbol cuando se encuadre en la categoría de benjamines (ocho, nueve años).

“No somos abonados, nos dejan los pases, este año hemos venido mucho” confiesa Puri de cuarenta y siete años y madre del adolescente “granota” Manuel. “Yo soy más del Valencia pero no soy rival del Levante”. Madre e hijo siempre acuden juntos al estadio. “Lo han reformado bien, es un estadio acogedor, me gusta más que esos estadios que tienen las gradas tan lejos” dice Puri. Inaugurado en mil novecientos sesenta y nueve. En su espacio central antiguamente se levantaba l´Alquería cremà. Allí “donde nuestra madre había jugado de niña iban a jugar los futbolistas del Llevant” escribe Regües en su libro Memorias de un granota, quien tuvo su primer pase en la temporada de mil novecientos cincuenta y nueve –sesenta, décadas después, en mil novecientos noventa y cuatro, sería candidato a la presidencia del club.

¿Amianto en cuantos estadios? Amianto en techos y cubiertas, estaciones y vagones de metro, centros deportivos, centros públicos, fibrocemento o uralita, guantes y delantales de protección, barnices, lacas. “El uso del amiento se interrumpió en los años noventa; por tanto se espera (esperaba) el mayor número de enfermos en 2020”.

“¡Levante! La afición más fiel y sana con ardor puso su fe” dice el himno levantinista cuya versión rock, hace un cuarto de siglo, fue grabada por la banda valenciana The Phantoms.

¿Jubilación a los treinta y ocho años? ¿Jubilaciones singulares por la corta vida profesional? ¿Cómo llegar a los sesenta y cinco, ¡sesenta y siete años! estipulados en el Régimen de la Seguridad Social y alcanzar las cotizaciones estipuladas?

¿Planes de prevención de riesgos laborales en el fútbol? Fisuras craneales, pérdidas de dientes, fracturas de mandíbula, piernas, tobillos, muertes súbitas, traumatismos oculares, golpes de calor. “El jugador más importante será el primero en caer lesionado” se ironiza en La Ley de Murphy del 2000 obra del estadounidense Arthur Bloch.

Entre los asertos del aludido Bloch, son irrefutables los que dicen: “Aparque donde aparque, sus localidades se encontraran al otro lado del estadio” y “La mejor jugada de su equipo será anulada por una falta sin importancia”.