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Juan José Millás.

Microondas craneal

Mientras el guiso borbotea en la olla, las ideas bullen en la cabeza. Los ingredientes de la olla han salido de la nevera; los de la cabeza, vienen de las preocupaciones derivadas de la economía doméstica, de la relación con los padres o los hijos y de las dificultades laborales, pero también de lo que escuchamos en los telediarios, de lo que leemos en el periódico o de lo que nos asalta en la calle. El guiso de la cabeza, en fin, parece una menestra exagerada por el número de ingredientes, entre los que destacan las ideas fijas y los pensamientos rumiativos. Estos últimos, no importa lo que cuezan, siempre están duros. Van de un lado a otro de la pota craneal sin adquirir la textura ni el sabor deseables para ser digeridos por la mente. Me pregunto, mientras remuevo un poco el guiso de carne con patatas, si la mayoría de los españoles le damos vueltas a lo mismo. No a los mismos componentes del guiso de patatas, sino a los del estofado psíquico.

Dicen los científicos que en el cerebro hay una energía oscura que a mí me gusta comparar con la del microondas, que no se ve, pero que calienta el vaso de leche. La energía del cerebro tampoco se ve, pero es capaz de llevar al punto de hervor el estribillo de esa canción con la que te has levantado hoy de la cama. Ahora mismo, si la vida fuera una canción, su estribillo sería el aumento de los precios. Mientras picaba la cebolla para el sofrito previo, han hablado de él en la radio asegurando que debemos prepararnos para lo peor. Eso, sí, confiando en que suceda lo mejor. El problema es que una de las ideas fijas que dan vueltas en el microondas craneal es la de que, cuando algo malo puede pasar, pasa. Me pregunto si echar un vaso de vino blanco o tinto en el guiso de ternera y se me ocurre que le dará mejor color el tinto. Al rato, lo pruebo y está bueno, pero le añado la copa de coñac con la que no puedo regar la menestra mental porque no hay en la cabeza acceso por el que introducirla. Me la podría beber, claro, pero iría al estómago y me produciría ardor de estómago. Desaconsejo el ardor de estómago combinado con el dolor de cabeza. Saco el guiso a la mesa en la misma olla en la que lo he hecho y a la gente le gusta porque se trata de una olla artesana, de barro, que conserva el calor como si se tratara de una energía oscura que vete a saber de dónde viene.

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