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alberto soldado

VA DE BO

Alberto Soldado

Procesiones de espadas

En la toma de posesión del nuevo presidente colombiano, acogido con el entusiasmo que las capas populares suelen mostrar a dirigentes que piensan que les van a sacar del mal vivir, desfiló por orden directa, instantánea, del nuevo mandatario, la espada de Simón Bolívar. Lo hizo cual procesión religiosa, para adoración del pueblo llano, que identifica a Bolívar como el libertador de los pueblos andinos de la opresión y el robo de la Corona española. No tenemos constancia de que exista una momia de Bolívar, una de cuyas mejores virtudes fue la de ser pelotari y educarse en España, junto a los grandes aristócratas de la monarquía de antaño, así es que no habiendo restos que procesionar, no existiendo el brazo incorrupto de Bolívar, como por aquí tenemos el de Santa Teresa, sacaron a pasear una de sus supuestas espadas con la que, generosamente combatió por la liberación de sus gentes del yugo español. Cuando hablamos de sus gentes debemos aclarar que eran criollos, bien posicionados: el mismo Bolívar disponía de dos mil esclavos para trabajar sus muchas haciendas.

Ya sabemos que la Historia contada es una materia maleable a gusto del consumidor. Un hecho ocurrido ayer, televisado, será blanco o negro según lo publique El País o El Debate. Imagínense hechos ocurridos hace cientos de años... El caso es que el Rey de España, seguramente sorprendido por el espectáculo de adoración a una espada, prefirió quedarse sentado. Y es que se empieza por adorar a imágenes de santos en procesión y se acaba procesionando una espada. Nada más español que organizar solemnes procesiones. El primer gesto de Petro no ha podido ser más carpetovetónico. Ahora han salido miles de internautas atacando al «impresentable» borbón y otros miles que se emocionan con el respeto a los muertos que una espada de Bolívar debió causar entre los españoles de ultramar.

Como se trata de debatir sobre sentimientos profundos, los que defienden el legado de España en América y los que lo atacan desde que nuestros antepasados tropezaron con aquellas tierras, nada cambiará en el paisaje. Ya sabemos que los corazones tienen razones que la razón no entiende. Así es que cada cual va a seguir con la suya.

En las escuelas de los países de la antigua América española seguirán presentando a los conquistadores como seres malvados. Doscientos años después de la emancipación siguen culpando de sus males a los españoles que «cortaban cabezas para jugar a la pelota»- en directo por radio, un periodista ecuatoriano, rubio y de ojos azules, a un servidor-. Con todo, a pesar de procesiones de espadas y de peticiones de perdón por la Conquista, cada día crece el numero de autores y de opiniones que exigen respeto a la verdadera historia, que no es de glorificaciones ni de culpabilidades. La verdad se abrirá paso para la mejor convivencia de los pueblos, unidos por algo tan determinante como la lengua. Y con todos los respetos, creo que el Rey hizo bien en ver sentado la procesión de un sable. Es gesto de pacifismo y de progreso. Y de respeto a los miles de inocentes que un personaje como Bolívar, que tiene su cara oscura, se empeñó en eliminar sin piedad alguna. Quizás, algún día, esa cara oculta de Simón Bolívar pueda ser expuesta, como se expone la cara luminosa, sin temor a represalias. Igual es el día de la auténtica emancipación. El día en que un pueblo maduro reflexione sobre la verdad y la mentira.

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