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Alfons Garcia

a vuelapluma

Alfons Garcia

10.000

Imagen de archivo de un paciente covid ingresado en una UCI valenciana.

Si alguien tiene duda de que la vida pública es, sobre todo, dramatización, ahí está la monarquía británica. Los 96 años de la reina dan para tantas series,novelas… Tanto ha pasado, como subrayaba ayer Ignacio Peyró: una guerra mundial, un imperio perdido, un proyecto europeo (ganado y dejado ir luego), años de revolución y contracultura y años del neoconservadurismo más salvaje, con su toque populista actual. Todo puede pasar, pero la institución permanece, con éxito de audiencia y más rentable que nunca,

No sé ustedes cómo lo llevarán, pero todo va tan veloz que puede ser que no veamos el paisaje que vuela a través de la ventana. No sé si hemos dado carpetazo a la pandemia con demasiada alegría. 10.000 muertos en menos de dos años y medio solo en la Comunitat Valenciana y solo atendiendo a los casos en los que ha habido un test que lo certificara. Me temo que en los primeros meses, cuando no había casi nada y solo miedo, hay muertes que no computaron por ello. 10.000 es un pequeño porcentaje entre cinco millones de valencianos, pero 10.000 juntos formarían un municipio ya notable. Como si desapareciera Alberic del mapa. O Benaguasil. O todo el Valle de Ayora-Cofrentes. 10.000 es solo una cifra, redonda y hueca, como todas las cifras, tan digna de exclamación pero pasajera. Les puedo asegurar que dentro de ella hay historias. Al principio intentamos contar en los periódicos las historias de algunos de los que se iban. Como cuando se cuenta quiénes iban en un avión accidentado. Supongo que nos dimos cuenta de que la empresa nos sobrepasaba y era un esfuerzo imposible. Supongo que alguien puede decir que no dejan de ser muertos, tan dignos y tan importantes como cualquier otro, como los muertos por la gripe, que también son miles al año, o los del cáncer, ¿por qué ofrecerles más atención? Quizá tengan razón. Quizá ahora estamos haciendo eso, dando el tratamiento a la pandemia y a sus muertos que se daría a cualquier muerto. Supongo que ha tenido que ver también con que ha venido una guerra y no somos de mirar dos puntos a la vez, pero deja un regusto amargo el cierre de este episodio histórico, sin pararse a pensar un segundo en los errores cometidos y en los aciertos que nos dignifican como especie, sin detenerse en tantas vidas. Solo olvidar… Supongo que hablo porque sé de lo que hablo, como tantos.

Yo iba a decir algo de política (una vez más), me he tropezado con la cifra y no sé si me podré levantar. 10.000. Iba a hablar (poco) de bous al carrer y me da vergüenza yuxtaponer fiesta y covid. Se puede decir que tanto escándalo por siete muertes este verano por los toros callejeros frente a todas las vidas truncadas por la pandemia. Pero se puede decir también que tras la pandemia miramos ciertas tradiciones de otra manera. Ojalá. Me gustaría decir que somos capaces de ver el mundo de otra manera a raíz de la gran epidemia. Pero también se podría decir que esas siete muertes, algo de ellas, se deben al frenesí con el que nos hemos lanzado a festejar tras el virus y los encierros. Hemos salido como cabestros en calles resbaladizas. Y vamos cayendo.

Al final, si el debate se ha abierto, guste más o menos a unos y otros, es también signo de la política de estos tiempos, en los que partidos pequeños pueden gobernar. No me imagino a alguien de los tiempos del bipartidismo diciendo que hay que abrir un debate sobre la abolición de los bous al carrer. Porque sabe el peso electoral que representa una declaración así. Estamos aquí porque la concepción animalista hoy es otra y porque hay partidos en funciones de gobierno para los que la defensa en primer lugar de este principio puede suponer no tanto un lastre electoral frente a las tradiciones.

Pandemia, guerra, incendios forestales, fiestas populares y lo que venga. Se suele decir que la política es tiempo, capacidad de adaptación a los cambios, que llegan sin preaviso. O sí, pero estamos tan sumergidos en el presente veloz que no atendemos a los indicios.

La política también requiere casi siempre una sintonía fina que la mayoría de ocasiones se nos escapa. La proximidad a los acontecimientos y a los personajes favorece la brocha gorda. La finezza se deja para intelectuales e historiadores. El último debate local es la reforma fiscal. Está dentro de esa política de mayorías que Ximo Puig quiere subrayar para no verse sometido en una política de minorías, de suma de grupos específicos, que es tentación de la izquierda moderna. Existe ahora además un elemento de oportunidad frente a los socios, que se han cobrado la pieza de la tasa turística. ¿Tener más recaudación por un lado (cuando llegue) y no transigir con rebajar cargas a las clases medias, a las mayorías? Sería además dar dos portazos al socio mayoritario de esta amistad (política). Demasiado, quizá.

Si levantamos la vista, hace poco, casi nada, la urgencia era una sanidad pública fuerte y un Estado poderoso que nos librara de todos los males. Hoy la prioridad es tener un cuartillo más en el bolsillo porque la cuenta del supermercado no para de crecer. Corta el aliento intentar imaginar qué vendrá pasado mañana. El mundo pasa demasiado rápido por la ventana. ¿Dónde han quedado esos 10.000? ¿Hemos entendido algo?

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