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Martí

Valencianeando

Joan Carles Martí

Una playa sin chiringuitos, vaya

Mientras los bares en la arena de la Patacona mejoran la oferta estival, el Ayuntamiento de València sigue sin aceptarlos

Gioconda Belli abrió la Casa dels Poetes el jueves en Rocafort. G. Caballero

Además de la pompa excesiva, los británicos actualizaron la democracia moderna, con algunas normas no escritas, pero de obligado cumplimiento. Una inquebrantable dice que el candidato que no gana una elección dimite. Como la vuelta a este curso viene electoral, con un duelo entre Joan Ribó y Mª José Català, me gustaría que ambos aclararán eso, si en caso de no hacerse con la vara municipal, se irán a casa. Del resto de candidaturas-comparsas solo hay que esperar que nos hagan pasar entretenidos la temporada, aunque ninguna llegué al papel de protagonista secundaria. El morbo, pues, no está en la esperada concurrencia del alcalde, más bien de quién irán en los tres puestos después de él en la lista. Porque de conseguir la reelección de esa terna saldrá el sustituto, y en caso contrario el próximo jefe de la oposición. Tras la espantada de primarias de la coalición que sustenta al primer edil, todo apunta que será el propio interesado el que decida el orden de esos puestos en liza, y menos Sergi Campillo y Giuseppe Grezzi ninguno de los actuales regidores está llamado a ir tan arriba en la papeleta.

El Cabanyal.

Hace tiempo que la franja marítima merece la atención vecinal más allá de los meses de verano, que sin duda van a ser ya más de tres y de cuatro, sin embargo, el estío significa el feliz reencuentro del sustrato fluvial de la urbe con su desembocadura. El fenómeno más sorprendente es la recuperación de antiguas tascas y bodegas del Cabanyal como modernas fondas gastronómicas, pero conservando la esencia marinera de esos locales. Por ejemplo, la animada zona junto al Mercat del Grau, que por fin tiene fecha de apertura tras su remodelación. Pues desde ahí y hasta la Malva-rosa, hay una experiencia única para recorrer el callejero de los antiguos oficios de mar. En la mayoría de los casos, hay la sensibilidad hostelera que le falta a muchos de los locales del paseo marítimo. Si no se aprovecha la reforma prevista de los horribles cubos actuales -de algo debe de servir el recién creado Consell del Disseny-, para al mismo tiempo exigir un mínimo de calidad en la oferta y profesionalidad en el trato, nos habremos cargado uno de los mayores encantos para disfrutar de la mar durante todo el año.

Patacona.

Hay que ser un experto en diplomacia internacional para saber que entre la Malva y la Patacona hay una frontera municipal. El Ayuntamiento de Alboraia ha agrandado las letras para aclararlo, pero más allá de la burocracia municipal, está el factor objetivo que los chiringuitos de la Patacona son el éxito de la temporada de playa. València sigue boicoteando la instalación de una de las ofertas históricas de la ciudad, cuando algunos de los antiguos merenderos se reconvirtieron en referencia. En la memoria de los boomers siempre estará Caballito de Mar, por ejemplo. Pero la mojigatería del gobierno local persiste, pese a que la mayoría de los responsables del área afectada sean asiduos en los chiringuitos vecinos, o más al norte, en la saguntina Almardà. Queda feo negar lo que tú si puedes disfrutar fuera. Pero mucho me temo, que de ni eso, ni de otras cotidianidades se hable en este apasionante curso.

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