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Tribuna

Alberto Soldado

Un premio para una leyenda: Álvaro

Una mañana soleada de domingo. Fiestas de Sant Miquel, en Llíria. No puede faltar la partida de pilota entre ases de este deporte. Junto al pabellón donde en tiempos pasados el bàsquet competía con los grandes, en un intento imposible de desplazar la importancia de la Ciutat de la Música, se rinde tributo de admiración a una verdadera leyenda del Joc de Pilota: Àlvaro Navarro Serra. Allí estaba el de Faura acompañado de los suyos para recibir el prestigioso Premio Llíria I, que recuerda a otra leyenda de los años treinta y cuarenta, aquel que fue capaz de medirse al ciclón de Alberto Arnal, el Xiquet de Quart. Un aficionado sube las escaleras en busca de la galería y suelta a nuestro paso: «a vore si fiques que l’ Ajuntament no ha dictat ni un bando, ni ha aparegut en el programa de festes…» Ni bandos, ni dos rayas en la prensa, ni un pequeño post en las redes… Y uno reflexiona sobre esas palabras cuando ve tanto cemento, tan pocas decenas de espectadores en la que se supone la cita anual más importante de este deporte en un pueblo que dedicó una calle a Pepe Lliria y que el domingo homenajeó a un histórico: Gorrea. Figura local y el primer pelotari valenciano que recibió la medalla al mérito deportivo. Un pelotari ejemplar.

Unos chavales del club juegan la preliminar. Tienen clase y Francisco Micó, uno de los homenajeados, comenta «a vore si algú d’ estos arriba lluny…». Al finalizar la partida de jóvenes, y antes de comenzar la partida de profesionales se produce el momento, sencillo pero entrañable, de la entrega de los premios. Y allí está Álvaro con una figura juvenil, saludando a unos y otros. Y el pensamiento de este cronista se va lejos en el tiempo, en aquel 2004 con un Pelayo abarrotado para ver la final del Individual entre el de Faura, que defendía su reinado y José Cabanes, ‘el fill de Paco’ que esperaba coronarse. Ya han pasado más de veinte años de una partida histórica, si hubiera alguien que quisiera hacer poesía en favor de quien ha ganado once títulos individuales. Álvaro remontó un 20-55, en una heroicidad prácticamente olvidada. Aquel día se escribió más de lamentos que de lo visto en la cancha. Se habló más del joven aspirante decepcionado que del rey que peleó hasta el ultimo aliento para salvar su corona. Sí, aquella pelota que era el ‘quinze’ definitivo tocó piso, careta y…’tambor’ para dar una opción final a Álvaro, que, león rabioso, devolvió in extremis con un zarpazo mortal que derrumbó la moral de José. Alguien en la grada rezaba en silencio para que aquella pelota no fuera la definitiva. Y sí, fue la definitiva pero para resucitar el espíritu de campeón del ‘bou de Faura’. Nadie ha pensado en la televisión pública valenciana recordar aquella partida. Ni siquiera en el lote de las reposiciones que de vez en cuando se programan. Ni una sola vez en más de veinte años alguien ha recordado la mayor hazaña que se ha producido en la historia del Individual si apartamos la denominada Partida del Segle, que fue grandiosa por gestos y sentimientos. De los once individuales conseguidos, que es gesta impresionante y difícilmente repetible, cinco lo fueron contra Jose Cabanes, ‘el fill de Paco’. Aquella pelota del ‘tambori’ y la indiscutible clase y genio ganador de Àlvaro impidieron que la calidad técnica de José pudiera inscribir su nombre en la más grandiosa de las competiciones. Álvaro jugó su primer individual en 1995, contra Paco Genovés, y su último en 2013, cuando perdió contra Soro III. Dieciocho años en la elite. Once títulos individuales, cuatro Circuits Bancaixa. Leyenda.

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