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Martí

Compromiso contra la 'ciudad monstruo'

La muestra de Josep Vicent Boira sobre el 50 aniversario del libro ‘La ciutat de València’ de Manuel Sanchis Guarner es magnífica

Valencianeando

Imagen de aquel proyecto de una autopista sobre el cauce de Turia, y abajo, Josep Vicent Boira (derecha), en la inauguración de la muestra que acoge La Nau hasta marzo.

Debería ser obligatorio leer ‘La ciutat de València. Síntesi d’Història i Geografia urbana’ de Manuel Sanchis Guarner para ser concejal del Cap i Casal. Del actual hemiciclo se la habrán leído tres a lo sumo, pero para los ediles que aspiren a la reelección y los que tengan esperanzas de ser elegidos, lo tienen fácil, pues en La Nau hay una pedagógica exposición de Josep Vicent Boira para celebrar el medio siglo del libro. La gran diferencia de entonces es que la reflexión intelectual era obligatoria para hacer política, y que incluso los pocos franquistas ilustrados del Régimen, que languidecía por problemas de salud, también estaban atentos, aunque entendieran la mitad. Por eso, este rincón del Mediterráneo tiene el triste récord de ser campeón contra el acoso a escritores en la segunda mitad del siglo XX. Lo padeció el propio Sanchis Guarner, igual que Fuster o Estellés. La muestra de Boira, por cierto uno de los mejores gestores botánicos sin partido, resulta vital para entender cómo las ciudades pueden acabar en la irrelevancia cuando se ofrecen al desarrollismo salvaje. Hace 50 años, que tampoco es tanto tiempo, se discutía sobre la urbanización del Saler y la afectación a la Dehesa y l’Albufera, la posible conversión del cauce del Turia en autopista rápida de circulación o la destrucción del centro histórico. Solo hay que ver la ilustración de la propuesta para que el tráfico partiera más la ciudad, y contemplar hoy el Jardí del Túria, con sus diez kilómetros de parque urbano, con la Ciutat de les Arts al final. Solo falta hacer realidad el proyecto de la desembocadura, pero València sería más fea e insostenible con esa autopista central.

Más Pérez Casado.

Sanchis puso las bases teóricas de la nueva València, que fueron recogidas por los incipientes movimientos cívicos -como cuenta Carles Dolç en el libro ‘Del Saler al Túria’-, que primero paralizaron aquella monstruosidad y luego se reflejaron en las urnas siete años después, en las primeras elecciones municipales democráticas tras la República, donde ganó la izquierda. La capacidad del equipo de Ricard Pérez Casado fue decisiva para que esta ciudad entrará en la modernidad. Él y los suyos entendieron que el futuro del bienestar se decide más en las metrópolis que en las regiones, una perspectiva indiscutible ahora. La socialdemocracia europeísta era Pérez Casado, no Lerma, un burócrata de partido, igual que el PSPV actual, donde sus príncipes herederos también están reñidos con la ciencia, pero los camaradas de Compromís tampoco se enteran. Ribó ha dejado pasar la oportunidad de reivindicar la larga figura de Pérez Casado, menospreciado por su partido y muy alejado del postureo digital de los actuales ediles socialistas, y no ha visto la jugada. A ver si Papi Robles, que es más sagaz, se aplica, porque en una comida íntima en el verano de 2015, el ex alcalde ya ofreció su experiencia y sabiduría al alcalde. Y desde entonces, nada.

Arrepentimiento.

Hay un detalle en la exposición «València 1972: hacia la ciudad monstruo. 50 aniversario del libro de Manuel Sanchis Guarner» de Boira que no hay que dejar pasar, y es como la obra del filólogo se convirtió en un revulsivo para nuevos estudios, sobre arquitectura, arqueología, geografía urbana, historia, literatura e, incluso, fiestas y tradiciones. Todo un cambio de paradigma que abrió la mente de los actores cívicos, primero los activos y por supuesto a la ciudadanía, que pasó a mirar el espacio urbano con un aprecio singular tras el largo túnel de la dictadura. Sí, también en este rincón del Mediterráneo hubo una expansión intelectual de primer nivel, como advirtió la caverna que lo combatió, y que hay que reivindicar más y mejor. El título de «Hacia la ciudad monstruo» de la muestra es precisamente una conferencia de 1972, donde el arquitecto Salvador Pascual Gimeno advertía del destino de València en el caso de no darle la vuelta a sus dinámicas urbanizadoras y destructoras de los años sesenta, unos proyectos en los que el propio Salvador Pascual había contribuido, como primer teniente de alcalde del aquel consistorio franquista

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