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Alfons Garcia

Nos sobran ‘processos’

Carlos Mazón, durante el desayuno informativo en Madrid Javier Lizon

La política es madrileña. Lo que se practica con ese nombre fuera de Madrid parece política, pero es clientelismo». Carlos Mazón decidió ayer hacer política (de verdad), según la definición de uno de los personajes de la última novela de Esteban González Pons, que tanto sabe de Madrid como de subsuelos y cielos políticos. Tan importante (o más) de lo que se dice en estas citas en el centro del mundo es el acompañamiento. Y Mazón tuvo al lado a la plana mayor de su partido. Es la confirmación de que el PP se va a volcar en la Comunitat Valenciana, si quedaba alguna duda. Y tuvo a Díaz Ayuso, López Miras y Fernández Mañueco. Es mucho del poder territorial del PP. Pero el azar (quizá ) quiso también que fuera el que tiene un sesgo más radical, los que conviven con Vox. Si se abre el foco, también se pudo ver a la primera línea del empresariado valenciano: Vicente Boluda, Salvador Navarro, José Vicente Morata, Adolfo Utor y ejecutivos de la órbita de Juan Roig, entre otros. Es verdad que también viajan a Madrid cuando Ximo Puig actúa en estas fiestas de glorificación, pero hoy por hoy él es el poder. Mazón, no. Significa al menos que este ha recompuesto los puentes que Isabel Bonig dinamitó en el que posiblemente fue su mayor error estratégico. Porque en España los que mandan no son los políticos. Bueno, eso dice también un personaje de González Pons, que algo debe saber. Y algo así parece que piensa Pedro Sánchez, que últimamente repite ataques a la grandes empresas y el capitalismo «depredador».

Pero hoy veníamos a hablar de Mazón y de Madrid. Y al escucharlo, uno se pregunta por qué tanta radicalidad sobre la escena cuando sus propuestas no son tan diferentes a las que uno puede escuchar en boca del máximo representante del Gobierno del Botànic. Defiende Mazón que es necesaria la reforma del sistema de financiación de las autonomías y que hay un «retraso injustificado», y no parece muy diferente a lo que dicen los partidos que gobiernan. Sostiene que hay que mantener el trasvase Tajo-Segura y no consta que el Consell piense lo contrario (incluso ha llegado a actuar legalmente). Afirma Mazón que las demoras en el corredor mediterráneo son intolerables y hace menos de una semana que Puig estuvo en Barcelona detrás de esa pancarta. Propone también una rebaja fiscal «a los salarios medios y bajos», y eso es lo que ha aprobado el Consell. Hay diferencias, sí, en los cómo y en los cuánto, porque el poder conduce al pragmatismo y en la oposición todos los cielos se ven posibles, pero los grandes objetivos que plantea Mazón son compartidos. Entonces, insisto, ¿por qué tanta crispación en la escena? ¿Por qué hemos asumido que el acuerdo y el diálogo espantan?

Al final, la gran diferencia política exhibida por el líder del PPCV es la eterna de la identidad. Si Puig se presentó hace un tiempo en Madrid denunciando el ‘procés’ «invisible» en el que está la capital con sus vacaciones fiscales, Mazón dejó el ‘procés’ «silencioso» valenciano. Lo decía por la imposición de la lengua y la agenda independentista que consideran que existe. Nada nuevo. Es el fantasma catalán de cada ciclo electoral que resucita con más fuerza en cuanto hay signos de posible cambio. Algunos piensan que es como la cuchilla de la guillotina. Demasiados ‘processos’, en fin. El de 2017 ya vimos cómo acabó.

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