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Esquivel

Apunten, fuego, ¡ya!

He dedicado un tiempo a seguir los pasos de Pablo Iglesias. Anida en casi todos los frentes con una legión detrás, no perdona ninguna y se revuelve al instante contra quien le endiñe a su enfoque. Ignoro si me he sugestionado pero ahora mismo me parece tenerlo delante. Y, ¡coño!, es que lo tengo ahí en carne y hueso contraponiendo visiones al insumergible Margallo. La madre que lo parió. Podría haberme dado por indagar en otro gachó.

Una de sus bichas es este bendito oficio de los demonios. Para él, «el periodismo progresista no suele saber diferenciar la crítica y el insulto, la opinión y la vejación, el debate y el combate. Mal vamos». Y otra: «Que una directiva de eldiario.es elogie una basura contra Canal Red me parece una falta de respeto, no ya a los lectores, sino al propio periodismo que se dice independiente. Ya está bien». Además de contar con una tertulia en «Hora 25» y el podcast «La base» prepara el lanzamiento del nuevo chisme al que defiende por ser atacado según él. Para ello, además de la colecta de rigor, cuenta con el inestimable y habitual patrocinio de Jaume Roures, administrador único de Mediapro, pura «casta» vamos como se encargó de recordar uno de los mendas más socarrones de esta casa. Aunque algo avieso, eso sí.

Se supone que al dejar la cúpula de Unidas Podemos el año pasado se distanciaría del primer plano tras haber dicho antes adiós al Gobierno en lo que se estimó sería un descanso para Sánchez. Ja. Con la metralleta que es disparar a la derecha le sabe a poco: «El pesoe debería rectificar el ruido y la inseguridad jurídica que produce no respetar los acuerdos en el Consejo de Ministros». Y más leña al acusarlo de cruzarse de brazos con lo del Poder Judicial y de no querer la Ley Trans... Estamos ante un jarrón chino, pero de la Dinastía Ming. Por si faltaba algo, finalmente logró plaza en la Complutense con un tribunal que era difícil que no diese que hablar, a lo que puso rúbrica dejando caer en la red que su mayor ilusión es impartir clases. No me digas que se me caen las ligas. 

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