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Fernando Soriano

Fuera de compás

Fernando Soriano

Intelectuales de pandereta

INTELECTUALESDE PANDERETA Fernando Soriano

Se hacen llamar Intelectuales de Pandereta y se reúnen un sábado al mes en Benetússer para comentar los libros que leen. Parece un club de lectura más, pero no lo es. Estos siete elementos y elementas tienen tanta hambre de letras y papel como de bocadillos, olivas y cacao del collaret. Comienzan sus sesudas puestas en común delante de un tradicional esmorzaret valenciano, he aquí el hecho diferencial. Con antelación proponen y acuerdan el título del volumen a leer, se lo empollan y, con él en el bolsillo, van alternando los bares del pueblo en los que celebrar este almuerzo literario que puede alargarse hasta la tarde. La única parada obligatoria es en la librería Somnis de Paper, un local precioso y surtido con un criterio magnífico.

INTELECTUALESDE PANDERETA

Estos activistas culturales han conseguido, a lo largo de sus dos años de funcionamiento y de una manera espontánea, libre, sin pretensiones y divertida, crear una pequeña pero molona escena literaria en los márgenes de una gran capital como València. Todos son lectores voraces e incansables. Algunos escriben para sí mismos o para el futuro. Otros publican, como es el caso de Miguel Ángel Giner Bou, Premio Nacional del Cómic 2019 por ‘El día 3’.

En numerosas ocasiones han contado con la compañía del autor del libro que iban a comentar. Se trata, en última instancia y según Pako Motta, uno de los fundadores del grupo, «de darles las gracias en persona por el buen rato que nos han hecho pasar y por las emociones transmitidas». Los escritores, encantados.

Rafa Lahuerta fue a presentar ‘Noruega’ y almorzó largamente y con trellat, nobleza obliga. El catalán Kiko Amat fue a hablar de ‘Revancha’ y, aunque casi salió corriendo al percatarse de la transgresión dietética a la que le abocaba la parroquia, se estacó el bocata como uno más. Por su parte, Dani Llabrés, escritor de ‘Un mono marino se ha bebido mi Fanta’ y propietario de un hambre y una sed legendarias, llegó a la cuchipanda escoltado por su troupe de glotones dipsomaníacos y convirtió aquello en un ADSL (Almorzar, Dinar, Sopar i Lo que vinga). La visita de Carolina Otero, con su ‘Curso avanzado de perra’ bajo el brazo, se dilató entre tortillas que no llegaban nunca y una sobremesa poética y musical.

Todos se mostraron encantadores, cercanos, agradecidos, confiados y reveladores ante las preguntas que les hacían sus anfitriones sobre métrica, proceso creativo, ritmo, estilo, construcción de personajes, recursos, influencias, estructuras, premios, repercusión y anécdotas del mundillo. Conversaciones en un ambiente distendido, de enjundia, pero sin llevar la cuenta de las aliteraciones ni de los botellines.

La pasión de Amat, Llabrés y Lahuerta por la música popular moderna es de sobra conocida. Sus novelas están llenas de canciones, conciertos, discos y un sinfín de referencias a subculturas y tribus urbanas con banda sonora propia y una detallada geografía de los escenarios de sus correrías. El caso de Carolina Otero ofrece una vuelta más de tuerca, porque convirtió esa afición por el rock en una carrera profesional, ahí están sus lanzamientos discográficos y sus actuaciones en directo. No sé lo que pensarán de las panderetas como instrumento musical, pero imagino que estarán bastante de acuerdo en que la música que amamos no sería lo mismo sin este ramillete de intérpretes del membranófono.

Stevie Nicks de Fleetwood Mac aspira a reina indiscutible, aunque Nico sea la imagen icónica de señora con este accesorio gracias al primer elepé de la Velvet. Ver a Roger Daltrey destrozándolas a pares mientras se sumerge en las profundidades del Tommy no tiene parangón. Algunos preferirán a Robert Plant, pero a mí me siguen gustando más Davy Jones de los Monkees o mi estimadísimo Gene Clark, la primera voz de los Byrds. ¿Alguien dijo Liam Gallagher? Quia, prefiero a aquellos gachós de la tuna de Salamanca que salieron en Gente Joven en 1983 tocándola entre delirantes figuras acrobáticas y rebozándose por el suelo.

Que la pandereta es una cosa muy seria.

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