TRIBUNA

La corrupción no es bien venida

Ante el grave problema que supone hoy día la corrupción y su carácter generalizado, el 31 de octubre de 2003, la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 58/4 decidió que, «a fin de aumentar la sensibilización respecto de la corrupción, así como del papel que puede desempeñar la Convención para combatirla y prevenirla, se proclame el 9 de diciembre Día Internacional contra la Corrupción».

Como destacó su secretario general Antonio Guterres: «La corrupción engendra más corrupción y fomenta una cultura destructiva de impunidad. La Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción es uno de los principales instrumentos de que disponemos para avanzar en esta lucha. El Objetivo de Desarrollo Sostenible 16 y sus metas también ofrecen pautas para la acción».

El problema de la corrupción en el mundo es de tal magnitud, que, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se calcula que cada año se paga un billón de dólares en sobornos y se roban 2,6 billones de dólares anuales mediante la corrupción, suma que equivale a más del 5% del producto interior bruto mundial; y que en los países en desarrollo se pierde, debido a la corrupción, una cantidad de dinero diez veces mayor que la dedicada a la asistencia oficial para el desarrollo.

Es, sin duda, un problema generalizado que afecta en todos los ámbitos de la sociedad, y, desgraciadamente, a todas las sociedades, y por ello su prevención permite avanzar hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ayudar a proteger nuestro planeta y crear empleos, favorecer la igualdad de género y garantizar un mayor acceso a servicios esenciales como la salud y la educación.

No puede pensarse que la corrupción es un problema que afecta sólo a los países subdesarrollados. España, desafortunadamente, no permanece inmune a este verdadero cáncer de la democracia y los derechos humanos, que la codicia del dinero o el ansia de poder lleva a la corrupción. Nuestros medios de comunicación llevan años dándonos noticia de los innumerables procesos judiciales, en los que los tribunales están juzgando gravísimos casos de corrupción que afectan a personas y organizaciones de uno u otro signo. La corrupción y sus graves secuelas, sigue afectando a nuestra sociedad, lo que nos obliga a todos a concienciarnos en la lucha contra la misma.

Porque los esfuerzos en la lucha contra la corrupción benefician a todo el conjunto social, pero la mala conducta y las irregularidades están robando recursos valiosos para responder y recuperarnos de las actuales crisis económicas que está padeciendo dicha sociedad.

La proclamación del 9 de diciembre como Día Internacional contra la Corrupción, busca destacar los derechos y responsabilidades de todos -incluidos los Estados, la clase política, los funcionarios públicos, los agentes de la ley, los representantes de los medios de comunicación, el sector privado y la sociedad civil, en la lucha contra la corrupción-.

No solo los países deben unirse y afrontar este problema global con una responsabilidad compartida. Todas las personas -tanto jóvenes como mayores- tenemos un rol que cumplir para prevenir y combatir la corrupción a fin de fomentar la resiliencia y la integridad en todos los niveles de la sociedad.

En Fundación por la Justicia consideramos objetivo esencial luchar contra la corrupción. En 2015 lideramos, junto a otras 55 entidades de la sociedad civil, un Pacto Estatal contra la Corrupción y por la Regeneración Cívica, que contenía 150 propuestas y que se suscribió por todos los Partidos políticos, y se presentó en el Paraninfo de nuestra Universitat. Con toda publicidad y máxima pompa se comprometieron a erradicar cualquier práctica que pudiera propiciar o facilitar que se produjera cualquier caso de corrupción. Siete años después sigue tan vigente y urgente revisión.

Así mismo, elaboramos un Proyecto de Gobierno Abierto para las entidades locales, que facilite la trasparencia en su gestión y erradique la posibilidad de malas prácticas.

La conmemoración cada 9 de diciembre del Día Internacional contra la corrupción, es una llamada de atención a nuestras conciencias, para que todos analicemos qué podemos hacer cada uno de nosotros para ayudar en esa sensibilización contra la corrupción que tanto ataca a nuestra sociedad y afecta a los derechos humanos.