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Opinión | La atalaya

El botón francés

La Guerra de los Botones aparte de ser el título de una inolvidable pelicula de Yves Robert (1962), bien podría haber sido la denominación popular de lo que en la historiografía catalana se conoce desde finales del XIX como «Guerra del Francés», a tenor de aquello que titulaba un reputado periódico de tirada estatal el pasado 25 de enero de este año «Tres siglos de batallas reconstruidos con los botones perdidos por los soldados» en Gallegos de Argañán (Salamanca).

El botón francés

El botón francés / Josep Vicent Lerma

Buen ejemplo de ello, ha sido asimismo el emotivo descubrimiento arqueológico del equipo del investigador de conflictos Frédéric Lemaire en el cementerio del Valle de la Muerte de la isla de Cabrera (Baleares) de dos botones reglamentarios de los regimientos de línia vencidos en Bailén 67 y 14 (Diario de Mallorca, 5-12-2022).

En cuanto al territorio del antiguo Reino de Valencia, se tienen noticias de un botón militar de cobre con el número 5 en relieve, propio de la guerrera de un soldado imperial de infantería del Quinto Regimiento que intervino en la Guerra de la Independencia española (1808-1814), recuperado en los trabajos de restauración del Baluarte de la Mina del Castillo de Santa Bárbara en la ciudad de Alicante, así como de otro con el número 32 hallado por el recordado arqueólogo Jose María Soler en 1975 en la Atalaya de Villena.

Hallazgos en línea con los relatos sobre antiguos objetos desechados como los descritos en estas mismas páginas en los anteriores artículos «Relato apócrifo de una mayólica» (Levante-EMV, 23-07-2019) y «El celadón Song de València» (Levante-EMV, 13-10-2022) y la actual «Arqueología del conflicto» de la II Bienal de Arqueología de la Universidad de Jaén, a los que ahora vendría a sumarse la botonadura identificada entre los numerosos restos arqueológicos exhumados en la década de los años 90 del siglo pasado en el complejo conventual del Carmen de València, con motivo de su rehabilitación arquitectónica proyectada por Julián Esteban Chapapría.

El botón francés

El botón francés / Josep Vicent Lerma

Se trata de un accesorio militar fundido en plata en forma de disco plano de 22 mm. de diámetro, con el número 4 en el centro de una clásica orla de palmetas, sin apenas resalte, muy desgastada por el uso y anilla de fijación en el reverso tipo jaula, perteneciente sin duda a la casaca de un oficial galo, tal vez del 4ème Régiment d’Infanterie de Ligne, cuya inaudita presencia entre los muros del monasterio de los carmelitas calzados valencianos, a modo de hipótesis, sujeta al veredicto definitivo de expertos historiadores como José Luis Arcón, podríamos aventurarnos a imaginar tanto como el desenlace trágico de un ignoto sepelio, improvisado en las criptas funerarias del Carmen, de un soldado desconocido, caído junto al general de ingenieros Cazals, en el frustrado asalto de 1808 contra el arrabal extramuros de Quart de Moncey como la pérdida fortuita de una insignia de plata del uniforme de un anónimo oficial francés, posiblemente acuartelado durante meses en este antiguo cenobio de la barriada de Roteros, después de la rendición de València al mariscal Suchet en 1812 o bien dicho botón pudo terminar arrancado prosaicamente, en caso de apuro, como perentoria moneda de pago en alguna cantina valenciana.

Por último, a modo de coda y ejemplo de recuperación de otras memorias históricas, merece la pena recordarse la reciente repatriación con honores a Francia desde Rusia de los restos del general bonapartista Charles-Étienne Gudin de La Sablonnière, muerto en acción de guerra en la campaña de Rusia de 1812 de la Grande Armée (El Periódico, 20-07-2019). Al igual que los hoy olvidados 173 esqueletos enterrados junto al Pont de Fusta en un solar de la calle Santa Rita esquina a Cronista Rivelles, interpretados más de veinte años atrás por el Laboratorio de Antropología Forense y Paleopatología de José Delfín Villalaín, como probables militares napoleónicos muertos en 1808 en el combate de las Torres de Quart o los enterramientos aparecidos por sorpresa en el año 2009 en la calle Colonia Española de Méjico del barrio de la Fuensanta, falsamente atribuidos a víctimas del asedio a València por Suchet, como el malogrado «officer d’espérance» Adolphe de Villeneuve, en el artículo dominical «¿Y si fueran esqueletos de franceses?» (L.P. 12-07-2009).

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