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Pilar Garces

A PIE DE PÁGINA

Pilar Garcés

Leonor se va a la mili

Se ha declarado una guerra de crueldad inusitada y sin tregua contra los nepo babies en Estados Unidos que se está propagando al resto del mundo. Se trata de odiar a hijos e hijas de padres famosos que consiguen portadas de revistas, papeles en series de televisión y huecos en desfiles de moda importantes sin molestarse en echar el currículo, por simple vía parental. Ni casualidades como que te descubriera un cazatalentos mientras servías hamburguesas en un establecimiento de gasolinera ni el esfuerzo de patearte cientos de castings hasta conseguir el primer sueldo haciendo de mujer que se depila en un anuncio.

Los nepo babies, término elaborado a partir de nepotismo (trato de favor hacia familiares y amigos) y bebé, pisan alfombras rojas desde la más tierna infancia con cara de hastío hasta que descubren de repente su vocación creativa y se suben de un salto a la cresta de la ola.

Se niegan a reconocer sus privilegios, cosa que repatea a todos los absolutos principiantes que aguardan la oportunidad de alcanzar su sueño e, incluso, a los astros consagrados que siguen peleándose la carrera a diario.

La hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis, Lily-Rose; Leni, vástaga de Heidi Klum, y Kaia Gerber, de Cindy Crawford. Dakota, hija de Don Johnson y Melanie Griffith; Deva, de Monica Bellucci. La hija de Phil Collins, Lily, odia que la tilden de nepo baby porque se lo ha currado mucho y se lleva fatal con su padre, mientras que Margaret Qualley lo acepta como un apelativo justo, dado que su madre es Andie MacDowell.

Les ayudan los genes, pero no solo eso. La revista New York Magazine tejió una portada muy divertida a este respecto, con las fotos de esas jóvenes celebridades que jamás podrían ejemplificar la famosa cultura del esfuerzo y el siguiente titular: «Tiene sus mismos ojos. Y su agente».

Por estos lares estamos más que acostumbrados a sagas y dinastías talentosas: los Molina, los Flores, los Gutiérrez Caba y los Morente. Y, además, nuestra Constitución establece que la jefatura del Estado se hereda.

Hace dos semanas el Gobierno aprobó el Real Decreto que determina que Leonor de Borbón comenzará en agosto una instrucción militar que la llevará a convertirse en la primera mujer capitana general de los tres ejércitos de la historia de España. «El ingreso de Su Alteza Real la Princesa de Asturias en las academias militares reforzará el papel cada vez más relevante de la mujer en las Fuerzas Armadas», dice el preámbulo del texto aprobado por el Gobierno socialista y de Podemos, que detalla el plan de formación castrense de la primogénita de Felipe VI y Letizia Ortiz.

Algunos pensarán que tal afirmación, seguramente salida de la entusiasta ministra de Defensa Margarita Robles,supone venirse demasiado arriba si se tiene en cuenta que el Ejército cuenta con un 87% de hombres y un 13% de mujeres y que, además, hay un número ínfimo de mujeres en los rangos superiores. Lo cierto es que Leonor jurará bandera antes de jurar la Carta Magna como aspirante al trono por su mayoría de edad, y pasará tres años de instrucción como dama cadete, guardiamarina primera y alférez alumna.

No necesitará pasar la EBAU como sus compañeros por el bachillerato internacional que ha cursado ni tener la alta nota que se exige para acceder a las academias militares (12,2 en tierra, 12,3 armada y 12,7 aire sobre 14 este año), pero será la primera de su promoción por ascensos automáticos.

Una carrera meteórica, igual que sucedió con su abuelo y con su padre. Sin novedad en el frente.

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