Diecisiete metros

Desde el primer abrazo del capitán Gayà hasta la estampida del banquillo para abrazar al héroe de la salvación hay una tragicomedia

Javi Guerra saca al Valencia del descenso y hace enloquecer Mestalla (2-1).

Javi Guerra saca al Valencia del descenso y hace enloquecer Mestalla (2-1). / EFE

Joan Carles Martí

Joan Carles Martí

Nadie sabe si Javi Guerra será el nuevo Tendillo. O si la historia pondrá su golazo a la altura de tantos como el de Baraja de la primera liga del siglo XXI, o del mítico de Forment. Pero en ese largo segundo que el balón salió disparado de la bota del canterano para recorrer los diecisiete metros antes de estrellarse en la red, está condensado la alegría del sufrimiento y la esperanza de cambio.

El gol soñado, y esperado, por cualquier valencianista demostró que, por encima de las carencias técnicas de la plantilla, al menos hay espíritu de equipo y reconocimiento de esfuerzo. Desde el primer abrazo del capitán Gayà hasta la estampida del banquillo para abrazar al héroe de la salvación hay una tragicomedia bien resuelta en Mestalla.

El mísil de Guerra es la vacuna que necesitaba el Valencia para gestionar con efectividad lo que queda. Corazón y cabeza, también para mañana en Cádiz. Se supone que la salida del pozo necesita de otro control del partido para sumar, aunque solo sea ese punto que te regala la Federación nada más salir a jugar, como insistía Mané.

El técnico vasco, con dos etapas en Orriols, y que estuvo a punto de firmar por el Valencia, era muy poco partidario de que los equipo se convirtieran en una pequeña ONU, porque siempre modelaba la idiosincrasia para conseguir los mejores objetivos. El fútbol moderno ha ido en dirección contraria, y la deslocalización ha provocado auténticas máquinas futbolísticas para los clubes ricos y precariado para el resto.

Lim y lo suyos también han despreciado la cantera porque su filosofía de salvaje capitalismo balompédico rechaza la fabricación propia. Paterna ha sido clave en la historia moderna del Valencia, tanto en tiempo de bonanza como de crisis. Más allá de la categoría del Mestalla, el filial ha sido la casa común del valencianismo, donde recoger savia para renovar energías y sentimientos.

Nadie mejor que Guerra entiende su hazaña, porque tener un entorno local añade un plus. También nos puede robar el corazón, alguien que solo sepa de nosotros en los diez minutos que hay entre Torre en Conill y la Ciudad Deportiva, pero sería un cariño sin roce.

En estos días de angustia, me han venido a la cabeza muchas veces los Sempere, Arias, Granero, Tendillo, Revert, Voro, Quique, Fernando, Subirats, Robert y Fenoll. Ellos cuentan como se aislaron en casa antes del infortunio, y como aquel sufrimiento por los suyos les paralizaba las piernas.

Es muy pronto para comparar a Guerra con Tendillo, pero su gol del jueves ha entrado con todos los honores en la memoria colectiva del valencianismo, así que el espigado centrocampista, que cumplirá 20 años en dos semanas, se ha labrado un merecido futuro entre el pueblo de Mestalla. En su cara de bendita inocencia hemos visto reflejado un futuro mejor.

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