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Transformación y ‘revolución’ urbana

Vicent Grimalt

Vicent Grimalt

En Dénia, transformación y revolución urbana han sido dos procesos paralelos que han avanzado imparables durante los últimos ocho años. Hablamos de cambios estéticos, de mejoras en la accesibilidad y en los servicios, de reurbanización de espacios emblemáticos que habían perdido brillo por el paso de los años y ahogados por el tráfico: como la plaza Valgamedios y su entorno, las calles Major y Pare Pere; la plaza Arxiduc Carles, recuperada de su antiguo uso como estación de autobuses; la Glorieta y la calle Marqués de Campo, las más recientes, aún en plena transformación…

Pero, además, en Dénia, cada una de esas actuaciones de remodelación del espacio urbano han estado dotadas de una intención revolucionaria: la de transformar la esencia misma del modelo urbano que durante décadas nos ha impuesto el desarrollismo de los años 70 del siglo pasado.

Y más que transformar, se ha conseguido recuperar el encanto de una ciudad amable para las personas, un paraíso y refugio para muchos de los que nos visitan, y subir a Dénia a las tendencias actuales y mundiales de pacificación del tráfico y peatonalización, que tienen sus mejores ejemplos en las grandes ciudades europeas.

La polémica está servida, por supuesto. El cierre al tráfico de Marqués de Campo, la rambla dianense, que desciende desde la Glorieta hasta el puerto, tuvo y tiene sus detractores; sin embargo, las voces que auguraban la muerte de esta calle principal de Dénia han cesado a medida que el comercio y la restauración han experimentado un florecimiento en un espacio urbano ahora paseable, agradable, sombreado y tranquilo.

Le debíamos está nueva revolución urbana a una Dénia demasiado gris durante demasiados años. A una Dénia Municipio Turístico de la Comunitat Valenciana y distinguida con el título de Ciudad Creativa UNESCO, dos reconocimientos que hoy en día priman la sostenibilidad de los modelos económicos y urbanos.

Y le debíamos también esta transformación valiente a una ciudadanía que, mediante los procesos participativos, nos pide aceras más amplias, más árboles en las calles, parques infantiles, caminos seguros para llegar a las escuelas, espacios urbanos donde practicar deporte, rutas saludables para caminar, medidas de fomento del uso de la bicicleta…

En definitiva, una ciudad para disfrutar de ella