Algo personal

¡Levántate, Rita!

Rita Barberá

Rita Barberá / EFE

Alfons Cervera

Alfons Cervera

La memoria suele ser corta. A los dos minutos, lo de ayer ya se quedó viejo. Y lo apartamos al rincón donde van a parar los trastos que no sirven para nada. «Del rincón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, / silenciosa y cubierta de polvo, / veíase el harpa», escribía en una de sus Rimas Gustavo Adolfo Bécquer. Pobrecita harpa, esculpida como en una roca para alimentar esa nebulosa vocación por la nostalgia que tanto gusta a tanta gente. Es como si nos diera miedo pensar en el pasado. Como si de repente el peso de los años se nos viniera encima como una apisonadora y nos convirtiera en una rodaja de mortadela. Mejor dar por zanjado lo que hubo antes. Hay que mirar hacia adelante, afirman quienes se las dan de posmodernos y piensan que escarbar en lo que pasó es una pérdida de tiempo. Hace un par de años, me acerqué al libro de una joven poeta española que ya entonces llenaba auditorios leyendo sus versos. Leí el primer poema sólo hasta la mitad. Y estampé el libro contra la pared. Pensé que si la autora convertida en estrella hubiera leído bien leídas a Emily Dickinson y Anna Ajmátova, a lo mejor se lo habría pensado un millón de veces antes de escribir un sólo verso. Y de paso, nos hubiera ahorrado el soponcio a quienes leemos poesía como si en ello nos fuera la vida.

De vez en cuando, surgen noticias que te recuerdan que la memoria es corta. Ahora estamos en campaña electoral y es un buen momento para hablar del futuro, sólo del futuro. Habrá más hospitales. Habrá más ayudas para la dependencia y se agilizarán los trámites para que la gente que las necesita no se muera sin recibirlas. Habrá más control de patinetes invasores. Habrá más escopetas para que los jabalíes se caguen de miedo en los bancales. Habrá reparto gratuito y subvencionado de pancartas en Mestalla para echar de una vez por todas a Peter Lim y sus secuaces. No saben quienes hablan del futuro que ese futuro no será posible sin echar un vistazo a cómo estaba todo hasta ahora. Por eso me llamó la atención la promesa de María José Catalá, candidata del PP a la alcaldía de València. Si gana las elecciones, dijo, le pondrá al Puente de las Flores el nombre de Rita Barberá. Nada menos. Igual no se le ha ocurrido pensar que a veces las flores huelen a muerto.

Es corta, muy corta, la memoria de la candidata. Igual no recuerda que fue su propio partido quien apartó a la exalcaldesa y la convirtió en un trasto inútil, de los que ya no sirven para nada. Olía a corrupción por todos los costados. Aún ahora están saliendo mogollón de regalos empresariales de bolsos Louis Vuitton y otros parecidos. Le chiflaban los bolsos Louis Vuitton a la señora. Venía de la Alianza Popular de Fraga Iribarne y representaba lo más derechoso y autoritario del Partido Popular. La ciudad de València fue su feudo medieval y no tuvo ningún respeto por ninguna diferencia. Perdió las elecciones municipales en 2015 y, debido a su presunta participación en casos de corrupción, el PP pidió que dejara su asiento en el Senado y ella, como respuesta orgullosa a su defenestración, abandonó el partido y pasó al grupo mixto. Mentar entre los suyos a Rita Barberá era como mentar a la bicha. Vade retro, Rita. Uf. Pero la memoria de la ahora candidata por el PP a la alcaldía de València flojea. Aunque yo creo que lo que tiene es más bien una mezcla de amnesia y de cinismo.

Seguramente María José Catalá cree en los milagros. A lo mejor, como profesora de una Universidad que ella vendió al grupo Planeta cuando era Consellera de Educación en el gobierno de Alberto Fabra, también ha leído a Bécquer. Y juntando la milagrería con la lectura del poeta, se atreve a resucitar lo que pueda quedar de Rita Barberá ahora mismo. Empezaba esta columna con los primeros versos de la Rima VII. Y la acabo con los versos que la cierran: «¡Ay! -pensé- ¡cuántas veces el genio / así duerme en el fondo del alma, / y una voz como Lázaro espera / que le diga: <Levántate y anda>». Dicen las malas lenguas de su partido que la aspirante visita el cementerio de València varias veces al día, que se planta delante de la tumba donde reposa la exalcaldesa y grita: «¡Hakuna Matata!» El grito de guerra que Rita Barberá copió de El Rey León en el acto de Mestalla que encumbró a José María Aznar en 1996. No sé Lázaro, pero lo más seguro es que Rita Barberá no se levante. Y que de tanto gritar, se le va a quedar a la señora candidata del PP la misma voz que a su señora ama en sus felices tiempos de vino y rosas. Así que me imagino a la candidata del PP atacada delante de la tumba de su añorada antecesora: «¡Levántate, Rita!, que le vamos a poner tu nombre al Puente de las Flores y tienes que estar en el bautizo». Pues no sé, pero mucho me temo que va a ser que no. ¿Se apuestan algo?  

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