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Juan José Millás.

Tierra de nadie

Juanjo Millás

Me maldije

Cuando nos compramos un móvil, damos por sentado que adquirimos la cobertura al mismo tiempo. Pero hay muchos lugares en el mundo con móviles, aunque sin cobertura. Dijeron en la tele que había un pueblo, no recuerdo en qué parte de España, donde sólo se podía hablar por teléfono desde el cementerio. En las imágenes, se veía gente deambulando entre las tumbas con el celular en alto a la busca de la mejor lápida desde la que marcar. No resultaba difícil pensar en lo metafórico de la situación. Me pregunté por qué la cobertura había elegido ese lugar para manifestarse y deduje que la señal no siempre aparecía donde lo había previsto la compañía telefónica al colocar el poste, sino donde a ella le daba la gana. Podría haber elegido el bar de la localidad, o la casa del párroco, o la iglesia. Pero había elegido el cementerio para obligar a los vecinos a hablar, como el que dice, desde el más allá.

Esa noche, mientras esperaba la llegada del sueño, me atacó la fantasía de vivir en una ciudad de unos diez mil habitantes en la que solo había cobertura en el salón de mi casa. Calculé lo que podía ganar cobrando cincuenta céntimos de euro a los vecinos que necesitaran utilizar el móvil. Era mucho dinero. Imaginé la cola de llamantes frente a mi puerta y me vi vendiendo las entradas, pero cambié enseguida de fantasía porque me sentí un poco mezquino por hacer negocio de aquella circunstancia que el azar me había regalado. No obstante, como en mi imaginación tampoco estaba dispuesto a tener el salón lleno de gente todo el día, decidí que lo más práctico sería ocultar aquel tesoro como el que oculta un yacimiento arqueológico hallado en su jardín para que no le expropien la vivienda.

Al poco tiempo, siempre en mi fantasía, compraba inocentemente en la puerta del metro una pulsera hecha a mano que, según la vendedora, servía para ahuyentar a los espíritus. Fue ponérmela y perder la señal del salón de mi piso. Jamás se me había ocurrido pensar en la cobertura como en una manifestación espiritual. Y aunque me deshice enseguida de la pulsera, la señal no volvió. Medio dormido ya, me maldije por no haber explotado económicamente la situación mientras tuve la oportunidad de hacerlo.

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