Bolos

La red de salud

Joan Carles Martí

Joan Carles Martí

Uno de los primeros consellers del recuperado autogobierno estaba en la cola de vacunación del ambulatorio. Pese a los dos intentos de colarse, genio y figura, recompensa un tropiezo con alguien que ha gestionado nuestras altas cuotas de bienestar. La gestión de la pandemia demostró la extraordinaria capacidad de respuesta del sistema sanitario público, que un botánico en proceso de desintegración fue incapaz de defender como propio. Ahora, con la rápida reversión de las áreas de Manises y Dénia realizadas por el actual Consell, se entiende que el dogmatismo es un factor reaccionario en la izquierda, porque defender la sanidad pública es incompatible con impedir el resto de opciones asistenciales con vocación social. Eso, por no hacer un poco de memoria histórica sobre el origen del mutualismo y del cooperativismo laico como factores complementarios en la sociedad del bienestar.

Los avances médicos que prolongan la biología humana, primero, y la covid, después, han reorganizado la asistencia privada hacia especialidades menos vitales, empezando por ginecología y obstetricia, para seguir por dermatología, oftalmología, otología, fisioterapia o cirugía plástica; mientras que todo el mundo acude directamente a los hospitales públicos cuando hay patologías graves. De hecho, el boom de nuevos centros sanitarios en València se adapta a esa realidad, en otra demostración reguladora de la oferta y la demanda, que ha facilitado el acuerdo para ese regreso a la red del sistema valenciano de salud, con el asentimiento general de los trabajadores afectados.

Las empresas con vocación de servicio público ayudan a gobernanzas mayoritarias, con cada vez más implicación en el conocido Tercer Sector, que realiza gestiones de carácter privado con fines de interés general para hacer sostenible el delicado equilibrio entre el mercado y el Estado. El sectarismo contrario conduce a una cierta degradación de los pensamientos progresistas, esos que apuntan a que la teoría debe tener siempre en cuenta la idiosincrasia del entorno, porque lo importante es salvar vidas, como hacen desde hace semanas la Cruz Roja y la Media Luna Roja en Gaza, mientras en la ONU todavía están de reunión permanente con vetos cruzados mientras la barbarie siguen matando a personas inocentes y sin la obligada ayuda humanitaria.

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