Caleidoscopio

Cultura elitista

Julio Llamazares

Julio Llamazares

El Ayuntamiento de Astorga, en León, ha programado para este Halloween, esa fiesta anglosajona, dicen que de origen celta, que se ha extendido por todo el mundo eclipsando a otras tradiciones vernáculas en muy poco tiempo, una en la casa-museo de los Panero, la antigua residencia del poeta y su familia en sus estancias vacacionales en la ciudad maragata y, con el tiempo, escenario del rodaje de la famosa película de Jaime Chávarri El desencanto, protagonizada por los tres hijos y la viuda del poeta y un título de referencia en la historia del cine español.

La casona, comprada a los descendientes del escritor y reformada por el Ayuntamiento de Astorga para destinarla a centro cultural y museo, parece que se convertirá este Halloween en un «castillo de terror», según expresión del concejal de Fiestas y Juventud, quien considera que lo que hasta ahora se ha venido programando allí ha sido «cultura elitista». Así que nada mejor que llenar la casa de los Panero de muertos vivientes y de disfraces por unos días y de celebraciones entre las que, además de un pintacaras para niños, se anuncia un ‘escape room’, que no sé muy bien qué es, pero suena bien porque está en inglés.

Fuera de que para «castillo de terror» habría servido mucho mejor el Palacio Episcopal obra de Gaudí, un auténtico castillo neogótico que nunca sirvió a su fin dada su disfuncionalidad, al concejal de Fiestas de Astorga se le olvidó decir qué considera él cultura elitista, porque lo que en la casa de los Panero se ha programado desde su apertura, que uno conozca, han sido actividades literarias y pictóricas, entre ellas algún congreso dedicado a la obra de los Panero, padre e hijos, o a la llamada Escuela de Astorga, integrada por Leopoldo y Juan Panero, Ricardo Gullón y Luis López Santos, tan importante para la historia de la ciudad. Pues no solo de mantecadas y de cecina se vive; también la cultura sirve para pasar el tránsito de la existencia por este mundo.

Pero a ver quién le explica esto a un concejal que piensa que la literatura y el arte son elitistas y que, por tanto, mejor dedicar los recursos municipales a fiestas, ya sea la de Halloween, ya sea cualquier otra que se le ocurra y que sirva para democratizar aquellos.

Lo mejor es que, según parece, la idea ha sido bien acogida por los vecinos de Astorga, salvo excepciones, como lo fue en la vecina Sahagún el curso para aprender a banderillear patrocinado por la consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, a cuyo frente figura un antiguo comunista recuperado por Vox después de recorrer todo el arco político, en un intento de popularizar la cultura que comparten en otros lugares de España sus correligionarios ideológicos.

Sentado que la literatura y el arte son elitistas (además de una pérdida de tiempo) y que lo que la gente quiere es pasarlo bien, qué mejor que convertir los espacios culturales en lugares para fiestas, sea cual sea el motivo y hayan surgido para lo que hayan surgido. Que la casa-museo de los Panero se remodelase para acoger conferencias y exposiciones no indica que no se pueda convertir en un «castillo del terror» para diversión de los jóvenes astorganos. Y más si de esa manera se populariza la cultura, hasta ahora en manos de élites y de aburridos, como le ha faltado decir al concejal de Fiestas de Astorga, aunque no es tarde para que lo acabe haciendo.

Tiempo al tiempo, que la incultura no tiene límites, y cuando uno empieza haciendo ostentación de ella, puede llegar a donde se lo proponga.

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