Indiana Jones, no te queremos

La salida a la luz de la muralla árabe demuestra la falta de interés sobre nuestro pasado a través de los restos arqueológicos

Joan Carles Martí

Joan Carles Martí

Haces un agujero en Ciutat Vella y te salpica la historia. El último resto en ver la luz es la muralla árabe de la calle San Vicent, como se sabía. Hace pocos meses en el Palacio de Valeriola de la calle del Mar, «una pequeña Alhambra», y hace unos años, el enterramientos de la necrópolis de la Boatella, en las obras del aparcamiento de Brujas. Eso que sepamos, porque han sido reencontrados en sitios más o menos públicos, porque seguro que en la rehabilitación privada de palacetes, bajos, garajes, edificios y casas del centro han salido más cosas que dormirán para siempre bajo el cemento de los olvidos. El gobierno de Ribó, primero, y ahora el de Catalá han huido de la arqueología como del aceite hirviendo, que según cuenta la leyenda, es lo que las mujeres lanzaban por las ventanas a las tropas napoleónicas cuando asediaron la ciudadela de València en la Guerra del Francés, y se han quedado sin monumento, no como el patriota Vicent Doménech.

El Palleter

Entre sus virtudes, además de su compromiso borbónico con Fernando VII, parece que la cultura, en general, y la ilustración en particular, no entraban entre las prioridades de El Palleter, algo que persiste sin necesidad de escarbar mucho en los sustratos cívicos. Pero sin necesidad de irse tan lejos, en tres o cuatro lustros hemos pasado de tirarnos las piedras a la cabeza -Palacio Real de València y Teatro Romano de Sagunt- a hacer mutis por el foro. Y si es cierto, visto en perspectiva actual [«eso se moverá muy poco en redes»], que fue una controversia muy pirotécnica, no se entiende tanto consenso silente. Porque ahora no se ha manifestado ninguno de los dos bicronistas oficiales, uno pendiente de purgar pecados y el otro del mejor perfil televisivo, ni tampoco la prehistórica RACV, que según su teoría entre aquellas murallas árabes se hablaría el puro valenciano. No hemos tenido suerte con las academias, bueno con los académicos, seguro que tiene algo que ver la perversa influencia ‘RACV’.

Valencianeando

Valencianeando / POR JOAN-CARLES MARTÍ

Torre de La Reina

Para no acudir al siglo pasado y la que armó la barroca directora del decano -un estilo tan nuestro que habría que reivindicar en el periodismo actual-, a finales de mayo de 2009 el Consell Valencià de Cultura en pleno y con Santiago Grisolía a la cabeza, visitó las excavaciones de los primeros restos del Palacio Real en Viveros. En concreto, parte de la denominada Torre de La Reina, lugar que fue la residencia de la reina María, esposa de Alfonso El Magnánimo, y que en el último periodo del Palacio fue usado como cocina. Los arqueólogos municipales avanzaron entonces, que también esperaban encontrar los restos del gran pórtico de la fachada, así como la otra torre conocida como la del Rey, porque ya entonces los reyes tenían habitaciones separadas. El Palacio Real fue derribado en 1810, con motivo de la guerra de la independencia por presuntas razones estratégicas -no está documentada la intervención de El Palleter-, salvándose de aquel grandioso palacio tan solo algún fragmento del artesonado, que se conserva en el Archivo del Reino. Hasta esa fecha fue residencia oficial de virreyes y capitanes generales. Ahora nadie está dispuesto a que esos vestigios se abran como yacimiento protegido para perder una de las zonas verdes más consolidadas.

Valencianeando

Restos aparecidos en la calle Sant Vicent / l-emv

El dial del destino

Como en Sant Vicent, donde el detalle de la muralla árabe dice mucho sobre la diversidad histórica del Cap i Casal ha pasado con más pena que gloria. Ni una sola fotografía de edil o técnico municipal que se precie, ni una queja de las distintas asociaciones que velan por nuestros orígenes y tradiciones. Mucho menos de los distintos servicios arqueológicos de administraciones y universidades. Parece que con la quinta y última entrega de la saga de Indiana Jones, que tan bien interpretó Harrison Ford, se ha perdido esa tensión de hace años por la ciencia que estudia, describe e interpreta los restos materiales de la historia. Está demostrado que somos más de filología.

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