Opinión | Ágora

Luchar por un hogar: Más allá del Matrimonio Igualitario

En la mesa hay dos tazas de café. En una, la leche está fría, en la otra, dos cucharadas de azúcar y un manchado de leche. Hay dos tostadas y un poco de cereales en un cuenco. Una pieza de fruta; una manzana verde con toques de miel y canela.  Solo con esto se ejemplifica una escena de cualquier familia. Una escena que transmite hogar, un lugar donde cobijarse porque no hay nada ni nadie que juzgue a quienes en algún momento se sentarán a desayunar. Son las 9:30 de la mañana y hace 24 grados, es una mañana propia de un día de verano, pero en las noticias por la radio se habla de esperanza. Hoy, 30 de junio de 2005, se debate algo esperado, algo luchado y reivindicado. José Luis Rodríguez Zapatero habla de libertad e igualdad. El matrimonio igualitario es por fin una realidad y personas del colectivo LGTBI podrán por fin contraer matrimonio con las mismas garantías que cualquier pareja heterosexual. 

Sin embargo, hoy 17 de mayo de 2024, día contra la LGTBfobia, es una escena congelada en el tiempo. Una escena que sin duda marca para algunas personas el inicio en esa carrera por la lucha por los derechos de las personas LGTBI. Y, no obstante, para otras, es el final. Un final en el que se vaticina en alguna conversación, esa coletilla que alardea de homofobia en el tono de la pregunta, ya que ¿qué más queréis si ya lo tenéis todo? Es algo que me recuerda aquellas contestaciones, que se les hacía a las mujeres feministas cuando por fin consiguen el sufragio femenino o el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos, ya que cuando se habla de derechos… ¿Qué más queréis? La lucha contra la LGTBfobia es una lucha que no termina cuando se alcanza un derecho mínimamente básico; es cuando la sociedad adquiere el derecho y consigue habitarlo sin necesidad de cuestionarlo. Cuando la sociedad se convierte en hogar y ese hogar en refugio, es a la vez un espacio donde la libertad de ser uno mismo se vive sin temor a represalias. Esa imagen debería estar presente en cualquier escena que se represente en la vida cotidiana de todos los barrios, centros, ciudades y pueblos.

 Las reivindicaciones del colectivo LGTBI, contemplan la importancia de la educación en ese proceso de adquisición del derecho humano. Entender que toda vida debe ser digna de poder vivirse, respetando cuestiones básicas, como la identidad, el género, el sexo, la expresión… Diferentes activistas luchan por hacer casa todos esos espacios, y diversas organizaciones son habitadas con el fin de hacerlas propias. L’Escoleta Matinal de Nazaret de Fundación por la Justicia, lucha desde hace 10 años por hacer de ese espacio un lugar seguro. Hagamos casa esas ciudades, esos pueblos, esas calles, hagamos hogar cualquier espacio que las personas quieran habitar, ya que como decía Pedro Zerolo «en su modelo de sociedad no quepo yo, en el mío si cabe usted». Y tanto usted como yo tenemos la obligación y el derecho de poder vivir dignamente.