Opinión

Turismo

Cuando España entró en la Comunidad Económica Europea, con Felipe González, lo hizo con el consentimiento de que en nuestro país se desmembraría la industria, especialmente la pesada. Entonces éramos la 8ª potencia industrial del mundo. La Comuninat Valenciana desmanteló los altos hornos de Sagunt, la naviera, etc.; lo que produjo un abultado paro que, desde entonces, no hemos absorbido. España quedaba como un inmenso resort europeo o, si se prefiere, como un monumental parque de atracciones. Podría haber sido de otra manera, y de hecho, poco a poco se van flexibilizando estas políticas por la vía de los hechos, pues no cabe duda de que nuestro pueblo es trabajador, vivo e innovador. El ‘que inventen otros’ ya no sirve para los tiempos actuales, aunque perdura la desgracia, con harta frecuencia, de que hayan de marcharse para llevar a cabo sus experimentaciones.

A lo que iba, sin distraerme por las ramas, el principal sector de producción española, es decir del PIB, es el turismo que, en 2023, aportó a la nación el 12,8 (186.596 millones de euros); y que supuso para la Comunitat Valenciana, en ese mismo período, más del 16% de su riqueza. En 2023 el turismo fue responsable de más del 70% del crecimiento del PIB español (2,4%). Sin esa aportación del turismo el PIB nacional habría crecido solo un 0,8%. Además, en 2023 rompimos de nuevo, después del drástico parón de la Covid-19, las cifras absolutas en cuanto a porcentaje de PIB y número de visitantes. España ocupa ya el 2º puesto a nivel mundial en cuanto a número de turistas, muy por encima de Estados Unidos y a escasa distancia de Francia que es el primero en el ranking.

Siendo como es una importantísima fuente de riqueza, me sorprende que, así, en general, estemos o podamos estar diciendo “tourist go home”: ¡si comemos de eso! Lo que no quiere decir que no haya que arbitrar un cierto orden en relación, por ejemplo, a las llamadas viviendas turísticas. Pero nos tenemos que acostumbrar a ‘soportar’ la afluencia en nuestras ciudades, como lo hacemos con el tráfico, el ruido o las obras públicas por poner ejemplos. Ya no tenemos solo turismo de sol y playa, afortunadamente, sino que ahora hemos de privilegiar a quienes vienen a visitar nuestras ciudades, nuestros museos y lugares emblemáticos, nuestra historia, nuestra cultura, nuestras universidades con el intercambio de estudiantes: Valencia es la segunda ciudad de España en recibir estudiantes extranjeros, por detrás de Granada. No olvidemos que somos una potencia en bienes ‘patrimonio de la humanidad’; amén de los bienes intangibles (idioma, gastronomía, gentes, etc.). Cada rincón de España encierra tesoros inapreciables. No podemos ser ceporros que echemos a perder la gallina de los huevos de oro: es nuestra fortuna “natural”. Puede ser que a uno le moleste y directamente no se beneficie –todo es bastante subjetivo-, pero lo que es bueno para el bien común, favorece a todos de una u otra manera.

Y 2024, si todo va como hasta ahora, romperemos nuestro techo de visitantes. Llegaremos al 13,4% del PIB. Una riqueza caída del cielo.