Opinión | La ventana

El perro negro

Me sale Taylor Swift por los ojos. Es mejor de largo atiborrártelos por este motivo que con esas movidas escabrosas que habitualmente exprimen al más pintado y que se estiran hasta el no va más, Tailandia Connection incluida.

A pesar de que la presencia de la artista estadounidense es otro cantar, ¡la que se ha liado en Madrid! Más de mil personas de un centenar de empresas diferentes han currado en el montaje de los conciertos donde ni siquiera los trabajadores del club han podido acceder a las gradas, no digamos ya que Ancelotti dispusiera de aquello con idea de preparar la final. Todo para que las máximas estrellas del espectáculo incluyan el Bernabéu en sus giras. Los vecinos de Chamartín están entusiasmados. Si algunos alcaldes no hacen caso ni de las resoluciones judiciales sobre los efectos perversos del tardeo, imagínense a Almeida poniendo pie en pared a Florentino después de haber tenido que enviar una inspección al piso en que vive Ayuso. Como para preguntarle si hoy en día piensa en la reelección.

Cambiando de acera y teniendo en cuenta que Sánchez se declaró ‘swiftie’ perdido en vísperas de las generales por ver si por ahí también arañaba algo, Óscar Puente se hizo con entrada para la cita musical del año. El hombre no se pierde una. En este caso ignoro si ha influido más los gustos del jefe, los suyos o la que se ha armado en Londres con una de las composiciones de Taylor en la que hace mención al pub The blak dog, o sea El perro negro. Lo menciona para señalar que en él una de sus parejas le fue infiel y, a colación del título del álbum, la riada de fans ha convertido el sitio en el hogar de los poetas torturados. Además de visionar los vídeos por si dan con el noviete, los responsables del local han tenido que poner un tope porque se les ha desbordado. También es verdad que ofrecen tapas españolas, lo cual casa con la convicción de sus seguidores de que las letras las escribe a quemarropa por lo que así completan el ‘pack’ puesto que tienen gambas al ajillo.