Opinión | A vuelapluma

Una sentencia no oculta el bosque

Francisco Camps, en rueda prensa tras conocerse su absolución en el caso Gürtel

Francisco Camps, en rueda prensa tras conocerse su absolución en el caso Gürtel / Loyola Pérez de Villegas

La vida es una caja de sorpresas. En alguna película se decía algo así . El eterno azar, que en el caso de la política española suele comparecer últimamente en periodos especialmente sensibles, como las campañas electorales. O cuando estas acaban de pasar. Claro que hay que tener en cuenta que, con tanto caso de presunta corrupción entre las manos, es lógico que caigan en momentos delicados. Pero en todo caso, la frecuencia de apariciones judiciales cuando mejor o peor viene (según el color político) es significativa.

Justo hace un año, dos días después de que la derecha se comiera el pastel electoral del 28 de mayo en la Comunitat Valenciana, salió la sentencia del caso Alqueria tras meses de espera. Una resolución absolutoria para el expresidente socialista (entonces, ya no) de la Diputación de Valencia y el resto de acusados, tras el denso polvo (germen de los fangos de hoy) que la causa generó, con espectacular detención incluida. ¿Hubiera pasado algo de haberse notificado el fallo una semana antes? ¿El resultado hubiera variado en alguna décima? Pura ucronía política. Pero un regusto extraño quedó.

Podríamos hablar igual de lo sucedido con Mónica Oltra.

Ahora se ha visto coincidir en menos de 24 horas una decisión jugosa de la Audiencia de Madrid sobre Begoña Gómez, la absolución definitiva (a falta de hipotético recurso) del expresidente valenciano Francisco Camps después de quince años entre togas y una vuelta de tuerca llamativa al caso Koldo que pone en el punto de mira a José Luis Ábalos. El azar, el azar… ¿O algo más? ¿Los jueces entrando en campaña? ¿La máquina del fango subiendo el nivel de revoluciones? ¿Más ‘lawfare’? ¿La consecuencia de la judicialización de la política de estos años?

Me decanto por el sosiego y la calma. Por evitar conclusiones precipitadas y con el megáfono en la mano. Por intentar no remover más el fango. Por discernir, de una santa vez, responsabilidades políticas de las judiciales. No serán merecedoras en ninguna ocasión del oprobio sufrido, ni del daño personal y familiar, por supuesto, pero en todos los casos citados se puede decir a estas alturas que ha existido una gestión inapropiada.

Pero eso puede llevar a ponerlos todos en el mismo nivel. Esa sería otra injusticia. Yendo al caso de estas horas. Camps puede estar feliz, es un alivio saber que no mereces castigo penal. Pero Gürtel sigue existiendo como el gran caso de corrupción que fue y que se dio bajo su gobierno en la Generalitat (lo dicen resoluciones homólogas a la que ahora lo absuelve). Y en esos años de su gran poder se dieron otros casos de saqueo de las arcas juzgados y condenados como han sido Nóos y Cooperación (hay más). Una sentencia no impide ver el bosque. Quizá un día puedes hacerte la ilusión. Con el tiempo, el paisaje queda claro. Aunque haya fango.