Opinión | miradas

La EBAU: ¿agotamiento o felicidad?

Estos días miles de jóvenes van a encarar los exámenes temidos de la EBAU. Con ello, darán por finalizada su etapa en el bachillerato y tendrán que decidir qué pasos dar y dónde situarse en el mundo laboral. Tras días interminables de estudio, nervios contenidos y a flor de piel, entre un mar de dudas y traspasados por grandes sueños por cumplir, su decisión en torno a qué salida escoger es más importante de lo que puede llegar a imaginarse. La vida da muchas vueltas y los trabajos actuales son cambiantes y dinámicos. Sin embargo, elegir una carrera, una oposición o un ciclo porque realmente te apasiona y te gusta es una de las bases más sólidas para ser feliz y tener una vida llena de sentido. Éste no sólo se nutre del trabajo, pero sí una parte importante. Hemos conocido recientemente un estudio en el que el 44 % de los trabajadores dicen sentirse estresados y, más todavía, cansados. Estamos, pues, ante una cifra récord en la historia que apunta a que el síndrome del trabajador quemado no es sólo un problema psicológico sino estructural. Vivimos en la era del gran agotamiento.

Precisamente, uno de los pensadores más potentes del momento, Buyung Chul Han reflexiona sobre ello en su libro La sociedad del cansancio: «En la época del reloj para fichar era posible separar claramente el trabajo del ocio. Hoy, la nave industrial se mezcla con la sala de estar. A causa de ello, es posible trabajar en todas partes y cada momento. El ordenador portátil y el smartphone constituyen un campo de trabajo portátil». El mundo digital alimenta esta organización laboral y social cuyo lema sería: no hay descanso. Se confunde el ocio con el trabajo porque todo es laboriosidad. Hemos perdido el sentido de las fiestas, de la celebración, de ese momento en el que realizamos un alto en el camino y disfrutamos de quiénes somos. Por todo ello Han añade que nuestra época produce «enfermedades psíquicas como la depresión o el burnout que denotan una profunda crisis de libertad». Así pues, estamos ante un tiempo que su propia lógica conlleva a generar anomalías conductuales como la ansiedad, la depresión y el cansancio. ¿Les suena? ¿Lo viven? Ahora bien, ¿es posible vivir de forma plena en un mundo como este? ¿Está la juventud, aquella que estos días se la juega en tres días, determinada a vivir de esta forma y no de otra?

No seamos ilusos. Estamos en el mundo que nos ha tocado vivir con sus defectos y virtudes. Pero hay un dique de contención a todo ello y es la vocación. Cada persona lleva en su interior una pasión, algo que te hace vibrar, que te aligera las cargas de la vida y que te permite danzar día a día a través de la ilusión y de la esperanza. Para ello hay que ser valientes, elegir con el corazón, y no por elegir, por las salidas o por el dinero. Una sociedad vocacional sería una sociedad más libre, más consciente de lo que hacemos y somos, dispuesta a darse a los demás concibiendo su trabajo como una misión única e irrevocable. Esa debería ser la verdadera razón que inspirara la EBAU y no las notas de corte. Suerte y valentía.