Opinión | Tribuna abierta

La Europa inacabada

El federalismo resulta integrador en cuanto facilita la relación entre los distintos territorios. No se trata de admitir privilegios sino de la aceptación de las diferencias.

Tras las recientes elecciones europeas, celebradas un mes más tarde del Día de Europa, 9 de mayo, cabe reconocer los éxitos pasados de la Unión Europea y las dificultades actuales con la proliferación de nacionalismos excluyentes, que plantean problemas de convivencia en los Estados que la componen.

Con ello puede resultaR oportuno recordar el lema «una España federal en una Europa federal», que trata de repartir razonablemente el gobierno entre los asociados, de manera que cada parte reciba, a cambio de lo entregado, de manera proporcional, sin perjuicio de su aportación a la solidaridad.

El federalismo resulta integrador en cuanto facilita la relación entre los distintos territorios. No se trata de admitir privilegios sino de la aceptación de las diferencias. Del reconocimiento de la especificidad de cada cual, tanto en Europa como en España.

En la España de 1952, Pere Bosch Gimpera, planteaba, con el título, La España de todos, su forma de pensarla, afirmando, «España será la de todos, hecha por todos, o no será», Europa deberá serlo igualmente. Así, hoy, de nuevo, casi setentaicinco años más tarde del Tratado fundacional de París, 1951, que inició el camino hacia la actual Unión Europea, nos encontramos ante la necesidad de avanzar en la construcción de la Europa que queremos y de la España de todos.

Un sistema de convivencia democrática, que cuente con la riqueza de su diversidad, como una opción política para el conjunto de los Estados que integran la Unión Europea.

En España, la óptica del centralismo y la intransigencia de algunas actitudes, dificultan la normalización de territorios que presentan claros síntomas de necesitar un tratamiento diferenciado.

En Europa, unos pocos deciden hoy el futuro de todos, las desigualdades se acrecientan y el proyecto solidario se ralentiza. La Europa de hoy no puede continuar inacabada como advierte Walter Hallstein, primer presidente que fue de la Comisión Europea, atribulado por no alcanzar a contemplar todo lo que pretendía.

Los diversos temas deben ser resueltos profundizando en la democracia, buscando soluciones ambiciosas que faciliten la convivencia, sin que las diferencias supongan desigualdad, pero sí reconocimiento.

La opción federal, «Estados Unidos de Europa», diría Winston Churchill, Universidad de Zurich, ya en 1946, como, también corrrsponde en España, para permitir el reconocimiento de la diversidad, mediante un marco legislativo democráticamente aceptado para lo cual la propuesta de entendimiento resulta determinante.

Partiendo de la voluntad de comprensión de las partes al aceptar que las cuestiones jurídicas sean acordadas tras la adopción de las decisiones políticas. Mientras la Constitución Europea quedó en el camino, la nuestra debe ser interpretada atendiendo a los cambios que demanda la sociedad.

Temas importantes deben ser tomados en consideración aportando soluciones que faciliten la convivencia para también reconocer la diversidad del compromiso europeo. n

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