Opinión | Voces

La transversalidad de las matemáticas

Igual que dijimos con la ética, que desaparezcan las matemáticas como materia específica y que sea, dada su categoría inapelable y su carácter ubicuo, materia transversal.

A las matemáticas se las llama saber instrumental. Como las lenguas. Son un instrumento para el conocimiento de otras materias, como la economía, la física y la química, por supuesto también la sociología y la psicología. Lo inundan todo, son imprescindibles para todo, lo marcan todo. Máxime en nuestro entorno digital, en donde la gestión de algoritmos y big data es clave para la manufactura del consentimiento, para la conformación de voluntades y conductas.

El nacimiento de la filosofía en Grecia, es decir, de la ciencia, vino acompañado también del nacimiento de la matemática teórica, no solo la aplicada, como sucedía en el antiguo Egipto. De esto saben mucho ya los estudiantes de bachillerato que han conocido a Platón. El Renacimiento europeo y la Revolución científica del XVII dieron un empuje estelar a las matemáticas: el universo está escrito en lenguaje matemático, Galileo dixit, y desentrañar las fórmulas que lo rigen abre la mente a la esencia de la realidad misma. Desde entonces, este lenguaje lo ha colonizado prácticamente todo, cualquier ciencia, sea humana, social o natural. De momento el arte y la filosofía se resisten, resistencia que quizás explique su papel auxiliar o subsidiario en nuestro mundo. Esta colonización del saber por parte de las matemáticas la convierten en eso, en instrumental: son instrumento del saber, pero no cualquiera, sino el instrumento fundamental.

Con estos presupuestos, los portadores del conocimiento y el lenguaje matemático se han erigido –los hemos erigido– en una especie de nuevos sacerdotes de la verdadera verdad incuestionablemente absoluta. Verdades y lenguaje cuyo protagonismo en la sociedad se expresa en el papel arrogante que sus portadores, en las pruebas para ingresar a la universidad o estudios superiores, vienen manifestando como patrón repetido, año tras año, en una circunscripción educativa tras otra. Lo estamos viendo últimamente en las noticias, que informan de exámenes o pruebas selectivas en matemáticas tan complejas y tremendamente intrincadas e inalcanzables que se acercan a los antiguos saberes arcanos, a los misterios accesibles solo a los muy iniciados.

¿No será que, tal como se expresan en pruebas selectivas, las matemáticas devienen en instrumento, sí... pero de poder? Las matemáticas han de demostrar su estatus como saber imprescindible, ubicuo, fundamentalísimo. En saber que pretende marcar la diferencia entre la verdad y la opinión, entre lo valioso y lo secundario, entre lo decisivo y lo prescindible. Un saber por encima del resto, con más poder para prosperar en nuestra sociedad. Con lo cual pueden convertirse justo en lo contrario de lo que, por principio, impulsa su quehacer: la búsqueda constante e inacabada de la esquiva racionalidad, la invitación inteligente a un saber que acoge la incertidumbre. Y ante tanto dislate de pruebas selectivas que la juventud preuniversitaria sufre, tras tanto esfuerzo y angustia, ¿qué hacen los departamentos de matemáticas de los centros de Secundaria? ¿Qué puede y debe hacer la Academia y la Universidad que asiste impasible a exámenes irracionales, que no evalúan de modo ajustado –justo y razonable– el conocimiento alcanzado en esta materia? ¿Es que no hay medios preventivos y consensuados de supervisión para evitar exámenes delirantes, con datos erróneos o instrucciones confusas, como se publicó el pasado 07/06/24 en Levante EMV?

Se han articulado recogidas de firmas, pero ¿hasta cuándo se ha de mantener el patrón que año tras año, se repite por parte de los oráculos de nuevo cuño? Por lo menos, que lo digan a las claras: esto no es saber, es poder. Y por lo menos, ya que las matemáticas lo abarcan casi todo, que sean lo que realmente merecen: un saber transversal. Curiosamente la ética, se decía en su momento, era tan importante que había de ser una materia transversal, es decir, desaparecer como materia específica. Apliquemos el mismo argumento: que desaparezcan las matemáticas como materia específica y que sea, dada su categoría inapelable y su carácter ubicuo, materia transversal. Y que se aborde desde cada especialidad como lo que es: como instrumento de saber, no de poder. n