Opinión

Polarización y obstruccionismo climático

Mucho se ha hablado y escrito sobre el modo en que la polarización enturbia el debate político. Sin embargo, se ha prestado poca atención a cómo la polarización influye en un fenómeno de creciente relevancia: el obstruccionismo climático. Aunque son muchos los factores que pueden explicar el fracaso de los esfuerzos por reducir la emisión de gases que provocan el cambio climático, uno de los que no conviene olvidar es el obstruccionismo climático, que no sólo se presenta en la forma de negacionismo, sino que puede aparecer con sutiles disfraces que aceptan la ciencia pero que inciden en el retraso de las acciones para combatir la crisis climática por razones ideológicas o económicas. Incluso puede adoptar la forma, conectada con la anterior, de guerras culturales y de valores que obstaculizan las acciones climáticas.

Este obstruccionismo, en su vertiente de guerra cultural, utiliza la polarización como herramienta, y en muchas ocasiones muestra un claro alineamiento con otras formas de obstruccionismo promovido por las industrias más contaminantes como el greenwashing o las actividades de determinados lobbys empresariales en favor de los intereses de las corporaciones a las que sirven. La polarización ha llevado al absurdo de encasillar como temas ideológicos, y por lo tanto a legitimar la inacción, asuntos como el uso de los coches privados, los carriles bici o el consumo de carne. En este último caso, la potente industria cárnica ha intentado socavar las evidencias que vinculan el consumo de carne (los españoles somos los máximos consumidores en Europa) con los problemas de salud y el impacto negativo en el clima.

El obstruccionismo climático tiene como actores principales a determinados partidos políticos (por ejemplo, VOX incluía en su programa en las elecciones de julio de 2023 abandonar el Acuerdo de Paris y derogar la Ley de Cambio Climático), a las organizaciones empresariales de los sectores más contaminantes, a los think thanks de marcado carácter neoliberal como FAES o el Instituto Juan de Mariana (que acaba de premiar a Milei) y que generan contenidos teóricos explícitamente obstruccionistas, a determinados medios de comunicación que reflejan y se hacen eco de los intereses empresariales, favorecen la polarización y participan en activas batallas culturales. Sin embargo, no debemos pasar por alto la actitud de los ciudadanos, que ve el cambio climático como un problema real (81%), pero son incapaces de modificar sus hábitos, como, por ejemplo, en la reducción del consumo de carne o la movilidad sostenible. No se quiere renunciar a los privilegios contaminadores y se retrasa cualquier medida de cambio.

Sin duda, los resultados de las recientes elecciones europeas, con un significativo aumento de partidos negacionistas y obstruccionistas, incrementará la polarización y los intentos de obstrucción de las acciones climáticas. Uno de los primeros objetivos será limitar los objetivos y el ritmo de aplicación del Pacto Verde Europeo, que busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y apuesta por una transición a una sociedad y una economía más sostenible, y que ya sufrió una primera embestida con las movilizaciones agrarias recientes. La defensa de este Pacto Verde y de la Agenda 2030 es hoy más importante que nunca.