Opinión | Tribuna

La deuda de València con María Jesús Teixidor

Me enseñó a estudiar esta ciudad, a quererla y a protegerla con aquello que, por vocación, creemos que mejor sabemos hacer: investigar y transmitir en las aulas universitarias

Es relativamente fácil hablar hoy de València. Es una ciudad de moda, estimada, con sus problemas y sus logros, pero que ha generado, en los últimos tiempos, una adhesión general basada en sus valores, su patrimonio y su historia. Hoy, los jóvenes estiman a su ciudad. Pero hablar de València a mediados de los años setenta del siglo XX era mucho más complicado. Aquella era una urbe dura, difícil de habitar, a punto de convertirse en una «ciudad monstruo» de la que había advertido el arquitecto Salvador Pascual Gimeno en 1972. Además, era una ciudad desconocida, donde las periferias se tornaban en dramas humanos y el centro colapsaba sin remedio. En ese entorno y en ese momento, la tesis doctoral de la profesora de la Universitat de València, la geógrafa María Jesus Teixidor de Otto, Funciones y desarrollo urbano de Valencia (1974, en 1976 como libro) ayudó a entender mejor las dinámicas a las que estaba sometida nuestra capital. Este libro se sumaba a la pionera investigación del profesor Manuel Sanchis Guarner dos años antes (La Ciutat de València. Síntesi d’història i geografia urbana, 1972) y a las contribuciones de otra mujer Trinidad Simó, en 1973 (La arquitectura de la renovación urbana en Valencia). Por cierto, algún día habría que recordar la aportación, coral y consciente, de las mujeres al conocimiento y estima de nuestra ciudad. Son más de las que se piensan, tanto en el campo de la geografía urbana, como de la historia, la arqueología, la historia del arte, la arquitectura, la sociología urbana o el urbanismo.

El fallecimiento de María Jesús Teixidor de Otto (1944-2024) me permite recordar su figura y trasladar a los interesados por la ciudad su aportación. Hablar de inmigrados, de demografía, de transporte público, de población activa e incluso del trabajo de la mujer migrante a finales de los setenta y principios de los ochenta sólo puede calificarse como una investigación pionera. Así lo hizo María Jesús con numerosos estudios en revistas académicas, que sirvieron de base al desarrollo de la Geografía Urbana en nuestra universidad y nuestra ciudad. Pero la labor de la profesora Teixidor no se limitó a analizar los temas sociales de aquella València de los años setenta. Nos ofreció investigaciones (algunas de ellas junto a Teresa Hernández, Concha Domingo, Carmen Sanchis, Carme Barceló o Maria José López) sobre la Fàbrica Nova del Riu, la Fábrica de Tabacos, el papel de las ciudades en la configuración del reino de València, la estructura urbana, el crecimiento espacial y, si tuviera que destacar alguna sobre estos temas, su análisis de la calle de la Paz (1971) y su libro, imprescindible, sobre la calle dels Cavallers (1996), junto a Trini Simó.

María Jesús dirigió mi tesis doctoral en 1991. Y con ella tuve el placer de trabajar en algunas investigaciones sobre la comarca de l’Horta (otro tema pionero, la estructuración metropolitana de València, en 1988, junto al doctor Rosselló) o sobre el entorno urbano de la Universitat de València (1999). Pero si debo resaltar un libro por su influencia y modernidad sería sin duda València, la construcción d’una ciutat, editado por la Institució Alfons el Magnànim en 1982 y que, debido a su estilo y amenidad, permitió a muchas personas, como yo mismo, entender mejor el proceso de construcción y desarrollo de mi ciudad. Sería un buen homenaje que la institución editora se planteara reeditar aquel libro, en formato moderno, para que los habitantes de València conocieran los orígenes y evolución de su ciudad.

María Jesús siempre fue una persona combativa, fuerte en su aparente debilidad, de ideas progresistas, inasequible al desaliento y al silencio cómplice. Me enseñó a estudiar esta ciudad, a quererla y a protegerla con aquello que, por vocación, creemos que mejor sabemos hacer: investigar y transmitir en las aulas universitarias contenidos, actitudes y formación.

En la avenida de Blasco Ibáñez, una escultura muestra una persona a caballo recogiendo la antorcha que otra, caída, le da. No hay mejor metáfora de la vida universitaria que, me parece, debería reconocer la austeridad, rigor, sentido crítico y seriedad que siempre María Jesús Teixidor puso en su trabajo. Si hoy València no es la ciudad monstruosa que se presagiaba en los años setenta del siglo pasado es gracias a personas como la doctora María Jesús Teixidor de Otto. La ciudad tiene una deuda con ella. Gracias, María Jesús, y descansa en paz. n