Opinión

Los aranceles

Naranjas y mandarinas

Naranjas y mandarinas / Levante-EMV

A lo largo de los años la Unión Europea ha empleado diferentes argumentos para justificar la eliminación o reducción de aranceles a las importaciones de alimentos. Algunos argumentos han sido los siguientes: Fomentar las relaciones comerciales con países terceros y compromisos internacionales la competitividad, del mercado o evitar costes altos para los consumidores. Todas estas excusas, con el paso de los años han minado la agricultura y la ganadería europea, que ha visto mermada su competitividad. Pero en un giro sorprendente de su política comercial, la Unión Europea ha decidido que es necesario subir los aranceles a los coches eléctricos chinos. Por lo visto los fabricantes de automóviles europeos ven amenazado su negocio, y a la UE le ha faltado tiempo para imponer aranceles a la importación. Al parecer, la preocupación por la competencia desleal es selectiva y reservada para ciertos sectores. A los agricultores y ganaderos europeos nos ha tocado soportar la competencia feroz de productos importados baratos, producidos bajo estándares que en muchos casos no se acercan ni de lejos a los rigurosos requisitos europeos, y la respuesta de la UE ha sido avanzar en la negociación de nuevos acuerdos comerciales, negligencia ante la entrada de plagas foráneas y hacer caso omiso a las peticiones del sector de revisar los acuerdos comerciales existentes. Por su parte, China ya anunció amplias contramedidas que posiblemente el sector agroalimentario europeo pueda verse atrapado en el fuego cruzado. La hipocresía de la UE se despliega en todo su esplendor, por un lado, hablan de un mercado libre y justo, pero cuando se trata de proteger a los fabricantes de coches europeos de la competencia china la melodía cambia drásticamente. No vamos a consentir que nuestro sector pague la fiesta, como ya pasó hace años con los embargos a Rusia. Por lo visto, ante toda esta injusticia, no es lo mismo ir a quejarse en avión privado hasta el aeropuerto de Bruselas y en coches de alta gama hasta el parlamento que ir en un tractor. Es hora de que la UE revise sus políticas y empiece a tratar a sus agricultores con el respeto y apoyo que merecen. Si la UE puede proteger a los fabricantes de automóviles, también puede y debe proteger a los agricultores europeos. Los agricultores no podemos ser los olvidados de Europa.