Opinión | Picatostes

Cuando fuimos modernos

Dicen que para un envejecimiento saludable es bueno retomar, entre otras cosas, antiguas aficiones.

Esto de hacerse mayor por mucha literatura saludable que nos regalen un dia sí y otro también sobre las excelencias de la senectud, es un coñazo. Últimamente cuando visito a algún amigo su casa parece un dispensario o servicio de catering de la farmacia de la esquina. De momento para detener la inexorable decadencia de mis células y de paso, si es posible, la incontinencia urinaria galopante me he apuntado a la piscina del centro deportivo de mi barrio donde suelo compartir calle con aguerridas octogenarias que a juzgar por su ardor náutico cuando pasan por mi lado parece que se estarían preparando para los próximos juegos olímpicos de París. Voy a proponerles un día de estos preparar una coreografía acuática estilo Escuela de sirenas como clausura y fin de temporada en la piscina del aquagym.

Dicen que para un envejecimiento saludable es bueno retomar , entre otras cosas , antiguas aficiones, así que estoy buscando mi colección de cromos Vida y color y mis viejos patines de madera que hicieron tan feliz mis tiempos de infancia , aunque estos últimos dado como está el patio y las calles de València con el desembarco de unos años a esta parte de las bicicletas por tierra, mar y aire y los nuevos kamikazes en patinete, mejor me compro una escafandra blindada modelo Julio Verne para salir de paseo. El poeta Rafael Alberti tituló uno de sus libros Roma, peligro para caminantes a la vista del comportamiento temerario del conductor romano cuando pisa el acelerador , le propongo a nuestra querida alcaldesa Maria José Catalá, que además de presumir y ejercer la capitalidad verde, nos promocione ahora que vamos hacia el centenario del pasodoble del Maestro Padilla, como «la tierra, de las flores, de la luz y del patinete a go-go».

La reciente desaparición de la cantante francesa Françoise Hardy ha llenado las páginas informativas con las fotografías de su belleza juvenil vestida por Paco Rabanne o Courrèges. Poco a poco va desapareciendo una generación que irrumpió en los años sesenta señalando un cambio de rumbo en la música, la moda, en la sociedad, Françoise Hardy abanderó, a pesar de su discreción y su actitud distante frente a los fuegos artificios de la industria del espectáculo, ese nuevo mundo que tuvo su primera ruptura con el Mayo del 68, el año que señaló el abandono de los escenarios por parte de la cantante. Para los que crecimos con aquella televisión en blanco y negro su aparición- no muy abundante- en algunos de los programas musicales de aquellos años nos iniciaba en una modernidad que el Franquismo todavía con sus artistas folklóricos, flamencos y toreros y cómicos casposos ya no nos podía proporcionar. Françoise Hardy fue parte de esa modernidad, como los Beatles y sus canciones, el vestido minifaldero de Massiel en Eurovisión, las escaleras mecánicas de Galerías Todo, Superette, los bañadores Meyba, los chicles Bazooka y los anuncios televisivos que creaba el mago Leopoldo Pomés. n