Opinión | Voces

Por qué leer

Siempre me han hecho gracia las campañas de lecturas veraniegas. Los libros no entienden de estaciones porque van apareciendo en nuestra vida por arte de birlibirloque. Se apoderan de nosotros sin saberlo. Se muestran cuando menos se los espera, en un rincón que hacía tiempo que no contemplabas, en el colegio de bajo de exámenes corregidos hace meses y, de repente, toda tu atención gira en torno a ese título, tus prioridades se modulan al tiempo que quieres dedicarle a la lectura que tanto necesitas. Es una de las experiencias mas atrayentes y curiosas que podemos contemplar en el tamiz del espíritu humano. Recuerdo que sobre el 2008 se produjo un acontecimiento editorial mundial. Khaled Hosseini autor célebre por Cometas en el cielo, publicaba Mil soles espléndidos. Resultaba curioso que, en el metro, cuando todavía se leía, no era extraño ver en un mismo vagón a más de una persona con el libro y todas ellas estaban absortas en esa historia única sobre la historia de opresión y de libertad de dos mujeres afganas.

Nunca me animé a leerlo, hasta que años después, en 2021, la filósofa Adela Cortina, recientemente galardonada con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, citaba la novela en un artículo sobre el proyecto irrenunciable del cosmopolitismo. Mi sorpresa fue que mi mujer estaba en esas fechas enfrascada con el libro, pero volví a perderle la vista. Hasta que hace unos días, ordenando mi pequeña biblioteca, apareció y ya no pude posponerlo. Me ha tenido enganchado de principio a fin. Y me ha enseñado toda una lección. En los diferentes pasajes en los que la protagonista es víctima de abusos reiterados por su marido cuarenta años mayor, aprendí que las miserias humanas, aquello que nos descoloca y nos deja sin aire, no pasa más allá de nosotros, no está en montañas lejanas, sino delante de nuestras narices. Solía decir la Madre Teresa que en todos los patios de nuestras casas hallamos una Calcuta de pobreza, miseria e indiferencias que nos acercan a la barbarie. A medida que leía a Hosseini se publicaron otra vez esas cifras que no queremos verlas, que están ahí, en nuestras fronteras, en nuestros patios y vecindarios, detrás de esas puertas que ponemos el oído y nos alejamos con paso silencioso para no ser descubiertos: hasta el 20% de la población ha sufrido abusos sexuales infantiles y ocho de cada diez casos de violencia sexual ocurren en el ámbito familiar, siendo el padre de la víctima el agresor en uno de cada diez. De cada cien niños y niñas, veinte son víctimas de abusos sexuales en el ámbito íntimo de la familia. Tremendo.

¿Qué relación tienen, pues, todas estas cifras y miserias con la lectura? El poder de los libros y de la lectura está en las palabras escritas que no son pasto del viento ni de los huracanes totalitarios. Perduran para despertarnos y zarandear nuestras conciencias. Paolo Sarpi decía que de esas palabras que componen los libros proceden «las opiniones del mundo, que causan las facciones, las sediciones y finalmente las guerras. Son palabras, sí, pero tienen como consecuencia ejércitos armados». Los libros arman nuestra conciencia crítica y sensibilidad frente a aquello que no queremos ver y así continuar viviendo anestesiados. Leamos y despertemos. n