Opinión
Se viene Cataluña y un giro económico de guion
La legislatura vira hacia la singularidad y la financiación y se aleja de la guerra cultural

Pleno de constitución del Parlament de Cataluña tras elecciones del 12M / / ZOWY VOETEN
La que viene es una semana clave para el futuro político de Cataluña. El plazo para evitar una repetición electoral está más lejos (el 26 de agosto), pero Esquerra Republicana ha dejado claro que quiere un acuerdo en estos próximos días (o descartarlo) para trabajarlo bien con sus bases y llevarlo a votación. Es estrategia política pura: alejarse del deadline es una manera de tomar distancia de la responsabilidad si se va a elecciones y dejarla toda sobre Salvador Illa y el PSC. Y el nudo gordiano del acuerdo (posible) es, una vez más, el dinero, la financiación.
La convocatoria esta semana de la bilateral con el Gobierno, los 1.500 millones para Rodalies, la cesión del Ingreso Mínimo Vital y otras transferencias menores son el preámbulo de lo que ha de venir la semana que viene y que pasa por la «singularidad» financiera. El grado de este trato diferenciado es la clave y lo que marcará la respuesta que genere en otros territorios, como la Comunitat Valenciana, donde el agravio con Cataluña es materia sensible siempre.
Si se tiene en cuenta que los presupuestos del Consell (y del Estado) han de ser otro foco de atención porque el calendario manda y que Vox no está ya en el Ejecutivo, la legislatura (en España y en la C. Valenciana) se encamina hacia una etapa más económica y menos de guerra cultural.
No quiere decir que asuntos estrella en este primer año del cambio desaparezcan. La ley de Concordia va a seguir ahí, cuando se publique, porque el choque con el Gobierno por ella está asegurado. Pero las polémicas sobre la violencia de género y la diversidad están destinadas a bajar de intensidad sin la presencia de Vox en el Consell.
Además, el PP de Carlos Mazón ha demostrado que tiene engrasado el discurso del catalanismo, que suele gozar de buena acogida entre el público, al igual que el agravio, que toca emociones a flor de piel.
Por su parte, el giro hacia Cataluña y lo económico debe complicar más las cosas a los socialistas. Con la agenda social reaccionaria impulsada por la derecha radical, la posición del PSOE en España es unánime y compacta. Con la cuestión de la financiación y el trato especial a Cataluña, las brechas se abren internamente. Esta misma semana el líder aragonés, Javier Lambán, criticaba ya los mimos a ERC. Emiliano García-Page es el que ha llevado la voz cantante en este sector crítico.
El PSPV de Diana Morant se ha destacado en todo este tiempo de predebate de la singularidad catalana por su posición firme al lado del Gobierno de Pedro Sánchez, en contra en algún caso de la opinión de algún peso pesado de la federación. Pero la línea, pese a los riesgos, ha seguido sin una rendija de duda. No es previsible que cambie (en el margen de duda entra el grado del trato especial con Cataluña que comentábamos) porque se trata de una decisión estratégica de Morant y los suyos.
Más allá de la teoría de algunos importantes en este asunto como el exconseller Vicent Soler, que insiste en que romper el statu quo de la financiación, beneficiará a la Comunitat Valenciana, existe una posición política deliberada.
Así, estar al lado de Pedro Sánchez y María Jesús Montero, apoyarles en este contexto frente a otros territorios, debe situar en un espacio de ventaja a la federación valenciana cuando se trate de abordar una nueva financiación o, cuando como poco, haya que poner tiritas a la ausencia de esta y sus consecuencias en forma de recursos extraordinarios (deuda, previsiblemente).
Eso son, no obstante, cuestiones en el medio plazo. Lo cercano y concreto, que podría llegar esta misma semana, es algún avance con ERC en la condonación de la deuda procedente del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y debería ser extensible a territorios como el valenciano, el más afectado por el lastre de la deuda por la infrafinanciación, según lo expuesto hasta ahora.
En el plano general, lo que se percibe es la voluntad firme de Sánchez, así lo corroboran fuentes de la ejecutiva socialista, de abrir una etapa nueva en Cataluña (y lo que pueda suponer en España) con un gobierno de Illa. No va a ser coste cero y ese va a ser el contexto, espinoso internamente para el PSOE y atractivo para el PP como elemento de desgaste, de los próximos meses.
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