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Opinión | Ágora

El arqueólogo Ismael Miralles ya en el recuerdo

El pasado mes de febrero de 2021 nos alcanzó a través de las redes sociales la terrible noticia del prematuro deceso de nuestro compañero Ismael Miralles Segura, pionero de la práctica de la arqueología medieval en el País Valenciano a finales de los años 70 del siglo XX, al albur de las primeras misiones de la escuela francesa de medievalistas dirigida por A. Bazzana y P. Guichard.

Tres años después e intentando ordenar segmentos de memoria compartidos, como púas y vacíos de un peine de hueso, de la mano maestra del geógrafo Joan F. Mateu Bellés hemos podido recuperar el mínimo hálito necesario para rememorar, al menos algunos episodios fecundos de la trayectoria investigadora de I. Miralles, como aquél en el que de regreso de prospecciones en la población de Alcalalí (Vall de Pop), vino a confluir a bordo de su rodado 127, hacia agosto de 1980, en las excavaciones junto a las vetustas murallas islámicas de Alzira (la Ribera), cerca del puente de San Gregorio, materializadas por el también arqueólogo Agustín Ferrer.

Investigaciones estratigráficas de vanguardia sobre la sedimentación aluvial histórica del Júcar, que en virtud de la colaboración con el famoso científico del yacimiento soriano de elefantes prehistóricos de Torralba y Ambrona Karl W. Butzer y las analíticas de laboratorio de la universidad de Chicago, le permitieron formular brillantemente desde la perspectiva geo-arqueológica, la inédita tesis de que a partir de mediados del siglo XI de nuestra era, el régimen hidrológico de este río mediterráneo experimentó un cambio de paradigma por causas antrópicas, en forma de violentas inundaciones con carácter destructivo para los asentamientos aledaños, perpetuadas hasta el presente en la imborrable Pantanada de Tous de 1982, cuya publicación académica en la prestigiosa revista ‘Journal of Archaeological Science’ estaba ya lista en octubre de 1982.

Otro tanto cabría señalar de las espléndidas campañas en las poblaciones moriscas de la Sierra de Espadán (Castellón), desarrolladas especialmente en un despoblado medieval de la localidad de Aín a lo largo de los primeros años 80 de la pasada centuria, asimismo con el profesor Joan Mateu como investigador asociado local, en las que también compartieron en sus dos o tres primeras ediciones importantes trabajos de campo Ismael Miralles y su compañera de toda la vida Angus con Elisabeth Butzer y durante las cuales, según recuerda la entonces estudiante universitaria Rafaela Soriano, los componentes de tales expediciones de exploración multidisciplinar recorrían el territorio de estos ancestrales asentamientos serranos desde la perspectiva de la sedimentología de los terrenos y casuísticas interpretativas diversas, incluida la documentación onomástica de epitafios de los cementerios de la zona y la de archivo.

Sin olvidar que con anterioridad en 1979 ya había dirigido la inaudita excavación medieval de la Torre de Silla, por encargo del Servicio de Investigación Prehistórica (SIP) de la Diputación de Valencia, en la que descubrió un magnífico lote de desconocidas jarras cerámicas pintadas andalusíes, ocultas en el interior de un silo. Finalmente publicado en el emblemático primer número de la revista ‘Afers: fulls de recerca i pensament’ (1985).

Posteriormente tuvo igualmente una participación proactiva en el Segundo Coloquio Internacional de Cerámica Medieval en el Mediterráneo Occidental, celebrado en Toledo a fines de 1981, en el que presentó la evocadora comunicación ‘Cerámicas musulmanas de El Tossalet de Sant Esteve. Valencia’.

Prometedora trayectoria investigadora como precursor historiador y arqueólogo medievalista del Sharq al-Ándalus, que por esas fechas hubo de postergar abnegadamente sine die por razones extraacadémicas, para hacerse cargo de sus responsabilidades familiares y asumir la gerencia de la conocida Imprenta Miralles de Vila-real.

No obstante todo lo cual y en el globalizado mundo de hoy, todavía es posible encontrar una especie de justicia poética de la malograda figura del amigo Ismael Miralles Segura, en el hecho de que más de 40 años después, en pleno siglo XXI, aún podemos encontrar testimonios de su nombre y de su obra, de bendito recuerdo, en influyentes repositorios bibliográficos como el de la Università degli Studi di Palermo, en una especie de nueva eternidad digital. n

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