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Opinión

Un gol de Kempes para los que no vimos jugar a Kempes

Mario nos recuerda el mandato de la ambición y que la de leyenda es una actividad a tiempo completo y no el título honorífico de un marquesado

Mario Alberto Kempes no pisa Mestalla desde los actos del Centenario de marzo de 2019.

Mario Alberto Kempes no pisa Mestalla desde los actos del Centenario de marzo de 2019. / FRANCISCO CALABUIG

Uno de los grandes dramas de mi generación futbolística era la de escuchar a nuestros padres y primos mayores hablar constantemente de Mario Alberto Kempes y no haber nacido a tiempo para verlo jugar. Asomados al fútbol en la 86/87, el año de Segunda y la gran catarsis del ascenso, nuestro primer equivalente a Matador, a delantero con estética de ídolo de masas, fue Lubo (¡Lubo Lubo!) Penev. Fuimos chavales sin Copa, Recopa, ni Supercopa, pero crecimos muy felices, viendo como el volcánico Mestalla de los 90 recuperaba todos los territorios perdidos, incluido Europa. A Mario lo vimos jugar, rozando los 40, en su amistoso de homenaje. Un 25 d’abril con algo también de desfeta, de derrota como pueblo. A Arturo Tuzón, el presidente del renacimiento del club, un público que ya salivaba con el nuevo mundo de las SAD le reclamó que soltase «los duros» para fichar a Romário. En aquel pecado llevamos la actual penitencia. Kempes marcó tres golazos de zurda al PSV Eindhoven, pero la fiesta fue, más bien, una ceremonia de clausura de toda una época.

Y, sin embargo, la irrupción sorpresiva de Kempes en su vídeo del pasado sábado, con esa presencia tan señorial como de mensaje televisado de un monarca, equivaldría a haberle visto jugar. La contundencia y la claridad del mensaje de Mario son equiparables a aquellas poderosas conducciones, con esláloms desgarbados, con medias caídas, venda supersticiosa debajo de la rodilla, melena al viento, antes de embocar a gol. El mensaje a Lim, pausado, reflexivo, respetuoso pero demoledor, es el gol de Kempes para los que no vimos jugar a Kempes.

Despedida de Kempes en Mestalla.

Despedida de Kempes en Mestalla. / © MANUEL MOLINES

Leyenda a tiempo completo

Por encima de consideraciones concretas del presente, el mensaje de Kempes ilumina dos verdades que a menudo nos pasan desapercibidas en mitad del paisaje gris en un Valencia de mínimos. Una, que la de leyenda es una actividad a tiempo completo y no el título honorífico de un marquesado. Y dos, el mandato de la ambición. «El legado debe ser respetado», propuesta desde ya para ‘It must be love 86’. La obsesión, tan valencianista, tan propia de estas alturas de agosto y el «ja tenim equip», de querer ser protagonistas. Acostumbrarse a la mediocridad, normalizarla, será nuestra gran derrota. Cada día emergen noticias que nos recuerdan esa obligación. Ayer mismo, el centenario de las secciones polideportivas del Valencia en 1924. O en las necrológicas del mítico Sven-Goran Eriksson, que aparezca que la gran derrota sucedió en Mestalla con una Lazio casi extrarrestre. Kempes ha irrumpido con toda la grandeza que nos contaron nuestros padres y primos mayores. Y todos (desde el Valencia que salte a San Mamés, el resto de leyendas y cada uno de los aficionados) debemos seguir el curso de su mensaje para volver al Valencia de siempre. 

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