Opinión | Ágora
La urbanización del entorno del Museo de Bellas Artes
Un museo que aún no posee su proyecto museográfico, sabe lo que tiene, pero no sabe lo que «es» y, por tanto, no puede comunicar la «conciencia de sí mismo». Más allá de lo que a algunos les pueda parecer, un proyecto museográfico no tiene nada que ver con una acumulación de obras a modo de colmado muestrario filatélico, sino que se debe apoyar en un integrado y profundo estudio conceptual en el que, partiendo de las bases de la propia colección, permita poner al servicio de los ciudadanos, la organización, no solo de su patrimonio, sino también de todos los elementos adicionales necesarios para que contribuya del mejor modo posible, a comprender, emocionar, sorprender y transformar.
Qué duda cabe, que existen, pues, dos elementos básicos que lo subordinan: el concepto (del que forma parte el objetivo), y el contenido (en el que habrá que prescindir de la acumulación). Será entonces, pues, cuando un museo podrá mostrarse abierto en plenitud, si bien siempre dispuesto a investigar, corregir, mejorar y a reflexionar sobre sí mismo. Por ello, en el caso del de Bellas Artes de Valencia, es tan necesario que el Ministerio de Cultura –como titular del mismo- convoque el concurso para desarrollarlo, porque hasta que eso no se produzca y se aplique, todas las actuaciones se deben entender como provisionales.
Una carencia excesivamente prolongada, que podría, no obstante, utilizarse, para culminar aquellos espacios inconclusos de la quinta fase; tal ocurre con el amplio recinto que hasta 2018 era ocupado por la biblioteca, desde entonces, trasladada: nada menos que trescientos metros cuadrados, ahora inutilizados y potencialmente musealizables, distribuidos en un octógono regular de sesenta metros de longitud, por cinco de anchura, que se ubica en el mismo corazón del ámbito, circundando el espacio de la cúpula en la segunda planta, con un techo inclinado de una altura muy considerable: 3,20 m. en la cota baja y 4,60 en la opuesta.
Pero un edificio tan importante, nos invita a una nueva reflexión: desde hace varias décadas, la Europa de las ciudades, les demanda una continua transformación, centrada en el uso ciudadano: accesibilidad, comunicación, integración, seguridad, procurando que sean más verdes, sostenibles, inteligentes e inclusivas. Esto supone que el político-gestor, se ve impelido a diseñar modelos urbanos a un ritmo de revisión impensable en las décadas precedentes, consciente de que debe decidir en muy poco tiempo, sobre asuntos que van a perdurar. El vértigo de los proyectos acumulados, permite la existencia, también, de otros espacios que no son reestudiados, aunque se hallen en un lento proceso de transformación. Tal ocurre con la intervención del entorno de Museo de Bellas Artes después de pasar una extensa y complicada secuencia administrativa, y que, a mi juicio, debería someterse a una profunda revisión. Inicialmente porque, de continuar con el proceso proyectado, aumentará la vulnerabilidad funcional de tan importante edificio, impidiendo en el futuro, la construcción de amplias estancias subterráneas dedicadas a incrementar el almacenaje y a multiplicar la oferta de servicios, retomando o modificando el proyecto ganador del concurso de la quinta fase, elaborado por Gómez-Ferrer, reducido, en su día, por la crisis económica. Pero las incertidumbres que la actual intervención plantea, son mayores: con el ajardinamiento y la eliminación de la valla disuasoria, incrementará su inseguridad que, al suprimir el espacio intermedio vigilado, dejará desnudos elementos constructivos muy sensibles que exigirán numerosas medidas adicionales, entretanto, al carecer de amplios muelles interiores de carga, quedará reducida la funcionalidad y agilidad de todos los servicios auxiliares, mientras seguirán descargando a la intemperie los grandes vehículos de transporte de obras de arte (frecuentes en la organización de exposiciones temporales), pero con sobreañadidas dificultades para maniobrar.
Con todo, aunque es evidente de que hasta que no quede terminado y puesto en marcha el proyecto museográfico, no se puede adelantar de qué hablamos si lo hacemos del futuro; a medio y a largo plazo, si procediese abordar el crecimiento, el mejor espacio natural, es del Convento de la Trinidad. Sabemos que en el artículo quinto de la famosa Carta Internacional de Venecia de 1964 sobre la Conservación y Restauración de monumentos, se puntualiza: «La conservación de monumentos siempre resulta favorable por su dedicación a una función útil de la sociedad», aunque, asimismo, que en toda Europa existe una crisis vocacional y religiosa que ha obligado a desacralizar y a reconvertir cientos de iglesias en librerías, centros de ocio, cafeterías, gimnasios, e incluso, ámbitos circenses. Circunstancias extremas, que también está en nuestras manos evitar. La adaptación musealizada de un lugar tan importante, es la oportunidad que tiene la ciudad de acometer un gran proyecto cultural e identitario, que aportaría considerables ventajas adicionales: beneficiaría a la Iglesia, que podría mantener allí suficiente ámbito conventual sin los onerosos gastos de mantenimiento que debe soportar ahora; al edificio, que, con su restauración, recuperaría su esplendor con una intervención mucho menos onerosa que la de Moneo en el claustro de los Jerónimos para la ampliación de el Prado; al museo, que podría formar con el convento una unidad, conectada por un corto y amplio espacio subterráneo de paseo, pudiendo instalar su extraordinario gótico en un contexto originario y, a todos los ciudadanos, que lograríamos, una vez más, acreditar nuestra capacidad para adaptar y convenir un proyecto compartido en el que disfrutar y mostrar mejor, si cabe, aquel Siglo de Oro en el que fuimos uno de los centros culturales del mundo occidental
- David Uclés (Escritor): 'No me voy a ir de un país al que adoro porque algunos no paren de ladrarme
- El viento no da tregua: la Aemet activa avisos en la Comunitat Valenciana por la llegada de la borrasca Pedro
- La jueza de la dana acepta investigar un grupo de mensajería entre Pradas, Argüeso y Cuenca
- Antifraude investiga al Ayuntamiento de València por la permuta de cuatro solares a cambio de 86 viviendas
- El efecto Volkswagen impulsa Monte Picayo con casas de un millón de euros
- València adelanta el derribo del Chernóbil de Campanar
- Catalá, sobre la doble estación de autobuses de València: 'Habrá que consensuar la propuesta
- Un ejército ganadero para combatir los incendios en la Vall d'Albaida
