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Opinión

Profesora de Ética y Derecho Constitucional, UEV

Candido

Puente destruido en Cheste

Puente destruido en Cheste / M.Defensa / E.Press

A Candi lo arrasó la DANA  el pasado 29 de octubre en su pequeña parcela  de Cheste,  junto al río. Era su día libre y se fue a descansar con sus perros. Nada parecía presagiar lo que iba a ocurrir poco después. Ni él, ni la población estaban avisados de que corrieran peligro alguno. De los contrario, dijo su mujer, no hubiera ido.

A Candi lo conocía mucha gente porque durante casi veinte años fue el simpático camarero de Da Claudia, que además de gustarle su trabajo y hacerlo bien, tenía la virtud de la alegría. Daba igual que no tuviera una mesa libre, él la encontraba. Daba igual que hiciera calor, él te ponía una sombrilla. Daba igual que no supieras qué comer, él te aconsejaba, daba igual que estuvieras de mal humor, él te sonreía.

Candi se iba a jubilar en dos años, después de toda una vida de servicio que llevó a cabo con una generosidad  extraordinaria. Tenía mucha ilusión y planes con su mujer,  Victoria  y por eso se  habían comprado el terrrenito de Cheste, para poder relajarse, por fin, y disfrutar de la vida.

El miércoles 30 de octubre , Victoria lo estuvo buscando con dos cuadrillas de gente por todas partes . Lo buscó  durante diez días.  El viernes 8 de noviembre , la policía la  llamó por teléfono. Lo habían encontrado dos días después de la riada, pero habían tardado en identificarlo. 

Cuando Candi vio venir el agua, se subió al techo de la caseta para protegerse de una corriente. Desde el tejado  pudo hablar con su mujer, desesperado, para que llamase al 112 y  que alguien fuera a socorrerle. Pero no había nadie al otro lado del teléfono. Victoria insistió. Nadie. En la ultima conversación con su marido, tuvo que mentirle , dijo que irían a buscarlo. Minutos después, el agua se lo llevó todo, también se llevó la vida de Candi.

La muerte de Candi se podía haber evitado, como muchas otras, si se hubiera avisado a la población, si se hubieran tomado en serio las alarma, si nuestros dirigentes hubieran tenido un mínimo de sensatez , si conocieran la importancia de la prevención, si fueran minimamente responsables, empáticos y dignos de su cargo. Pero no lo han sido, no lo fueron y no lo son. Si tuvieran un ápice de dignidad, dimitirían de mottu proprio, semarcharían. Pero no lo hacen. Han sido negligentes y su incapacidad de reacción ha costado cientos de vidas que no tienen derecho a banalizar, ni ignorar. Si no asumen  su responsabilidad  es porque les importa más  su pequeña parcela de poder que el pueblo,  aquellos que les votaron, lo que no lo hicieron , la gente a la que deben servir.

Hay personas que dejan más huella que otras por su forma de ser o por la forma en la que hacen las cosas. Candi era una de ellas . Ya no puedo pasear por la Alameda sin estremecerme , como le pasa a mucha gente.

El jueves próximo el barrio le rinde homenaje : una misa en su memoria,  en la  que estoy segura que  no cabrá ni un alma , y  después un vino en Da Claudia, su segunda casa,   donde tantos años estuvo junto a todo su equipo, amigos y  clientes .

El jueves te podremos una silla, Candi. Te daremos las gracias por haber sido como eras, te abrazaremos donde quiera que estés y créeme que no olvidaremos tus perenne sonrisa.

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