Opinión | voces
Tranquilos todos, aquí no pasa nada
Ya han pasado las Navidades que cada uno ha vivido como ha podido y la salud le ha permitido, aunque en términos generales con el elogio y el disfrute de la familia. Detalle importante, este de que las familias continúen vivas y la institución no se debilite demasiado. Ahora hay que volver a la realidad y no parece que nada cambie, por lo que yo sigo añorando la Constitución, su invocación o al menos, su simple mención. Hoy por fin lo he conseguido aunque en forma muy casual al encontrarme en TV5 con una entrevista a Felipe González.
Antes escuchaba alguna tertulia en que se concluía que no pasa de nada. Si se prorrogan de nuevo los presupuestos, NO PASA NADA. Que no tuvieran claro la diferencia ni la iniciativa y objetivos de la moción de censura y/o la cuestión de confianza… sin problemas, con una u otra NO PASA NADA. Y si no se aplica ninguna tampoco PASA NADA. Cierto que el gobierno no tiene sus mejores momentos por asuntos abiertos que afectan personalmente (en el sentido familiar) al presidente; pero a alguien le puede pasar por la cabeza dictar alguna norma ‘ad hoc’ bien interesada por no decir egoísta (término que cuadra poco con el lenguaje político y partidista pues parece que estamos hablando de simples asuntos de familia…). Y quien sabe si lo son…
Y si se intentara aplicar retroactivamente ese supuesta e iluminada norma? Tampoco PASA NADA. ¿Por qué aplicar ahora los principios constitucionales que tanto hemos procurado olvidar y desfigurar con supuestos constitucionalistas áulicos que avergüenza pensar que hayan podido pasar por nuestras facultades de Derecho? Pero volver atrás sería deshacer tantos avances, como Penélope, tejer y destejer. No vale la pena pues total NO PASA NADA. Y en estos tristes y confusos pensamientos estaba cuando ha sucedido un milagro. Por fin, algo constitucional he presenciado hoy con la satisfacción de saber que, aunque no muchos, sí se conoce bien la Constitución, su extraordinario significado y los riesgos en que andamos profundizando en los últimos años sin saber hasta cuando y cuanto resistirá un sistema tan delicado como el democrático al que se esta forzando y malbaratando. Y, simplemente, se ha tratado de una entrevista pero suficiente para darnos satisfacción a quienes defendemos la Constitución y el pacto político que le dio vida.
Me ha gustado el comienzo: la respuesta a quienes le han tildado de «menos de izquierdas» y González se confiesa ser un poco menos de izquierdas si se lo atribuyen por no estar de acuerdo con Maduro. Claro, no podía ser de otro modo, aunque yo aun añadiría que en el marco de un Estado de Derecho actúan por igual derechas e izquierdas; pero cuando se mata la matriz ya no importa nada, fuera del Estado de Derecho cambia todo y ni el lenguaje y los calificativos son asimilables a los bien asentados en nuestras democracias. Y su análisis de la realidad política española me parece muy certero: «Lo que era importante la semana pasada hoy ya no existe». Aguda frase para significar la incertidumbre y la imprecisión en la que hoy nos movemos, tan opuesto a la certeza, a la previsión y la continuidad propia de un Estado de Derecho. Pero aun va más allá, no se trata solo de la impropiedad que para el Estado representa. Ello siquiera es propio de ningún partido político bien entendido y precisa diciendo «Cambiar 23 veces al día de posición no es propio de un partido…»
La entrevistadora le pregunta cual es el asunto que mas le preocupa y contesta lo que tantas veces hemos invocado como cultura política y democrática, siempre presididas por la lealtad con estas palabras: «El ambiente es lo más preocupante...», pero para poder contestar con la mención de uno de tantos problemas institucionales actuales que nos acucian precisa que lo más preocupante es el problema de la fiscalía del Estado, que no del Gobierno y la precisión es de gran envergadura desde el momento en que ello le trae a la memoria el TOP (que para los jóvenes aclararemos que era el Tribunal de Orden Público). Sobre la posición actual del Fiscal General del Estado no puede ser mas claro: «Yo dimitiría» sin prejuzgar en absoluto su inocencia o culpabilidad, sino simple pero ineludiblemente por el bien de la institución. Los partidos tienen una función parlamentaria y representativa, nos recuerda, no están aquí para absorber con sus problemas e intereses toda la actividad política y menos la institucional.
Y como no podía ser de otro modo todo tiene su parte jocosa pese a la seriedad con que en todo momento se ha manifestado el expresidente: quien entrevistaba ha preguntado en varias ocasiones por Puigdemont y su intervención en la política nacional y me encantan los calificativos de González: disparate como poco, lo de Puigdemont es un vodevil. Que me disculpe el lector si digo que me ha encantado lo acertado del término.
Y como todo en la vida, también ha habido positivos, aunque solo uno: lo más positivo son las dos recientes propuestas sobre vivienda, una de cada partido de gobierno. Pero de momento esto está en el mundo de las ideas que habrá de pasar por el consenso de ambos. Uff
Ay, Señor, pobre españolito de a pié, que buenas ideas asoman a veces a las cabezas de nuestros políticos desde que a una ministra se le ocurrió que había que regalar zapatillas a los jóvenes para que buscaran la vivienda a pie.
Bueno, al menos hoy la Constitución, aunque tácitamente, ha estado en nuestras pantallas y ello me alegra.
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