Opinión
Gema Alcañiz Roy
Educación ambiental para prepararnos frente a los riesgos climáticos

Imagen de archivo de Imedes. / ED
La emergencia climática es el mayor desafío económico, social y ambiental que enfrenta la humanidad. Los desastres relacionados con el clima se han duplicado en 20 años y, en la Comunitat Valenciana, ya no hace falta que nos digan que esto del cambio climático no va solo de osos polares y de un futuro más o menos lejano.
Las olas de calor extremas, las lluvias torrenciales y los incendios forestales nos recuerdan que tenemos ya los riesgos climáticos a la puerta de nuestras casas.
Ante esta situación, las estrategias para combatir el cambio climático ya no pueden limitarse a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aunque esto sigue siendo crucial. También debemos aprender a adaptarnos a los impactos que ya están presentes y a prepararnos para los que podrían venir. Para todo esto, la educación ambiental es una aliada imprescindible que puede facilitar el tremendo reto que tenemos por delante.
Comprender los riesgos climáticos
Para ello, la educación ambiental no se limita a una serie de consejos sobre qué incluir en un botiquín de emergencias, aunque esta información práctica sea fundamental. Su misión es mucho más ambiciosa: dotar a la ciudadanía de los conocimientos y habilidades necesarios para mejorar su resiliencia tanto a nivel individual como colectivo. Esto implica comprender los riesgos climáticos, identificar las vulnerabilidades de nuestras comunidades y diseñar de forma participada estrategias para minimizarlas.
Comprender los avisos y alertas, saber cómo actuar en cada situación, identificar a las personas y colectivos más vulnerables, y conocer a las entidades o responsables implicados son habilidades y conocimientos clave que nos ayudan a estar mejor preparados frente a fenómenos climáticos extremos.
Unión ante la crisis
Además, la educación ambiental tiene un componente comunitario clave. No solo se trata de preparar a las personas de forma individualizada, sino de fomentar redes de colaboración vecinales que puedan ser cruciales en momentos de crisis. Talleres, simulacros y actividades participativas pueden fortalecer los lazos entre todas las personas de una comunidad, mejorando su capacidad para afrontar juntas los riesgos climáticos.
El Día Mundial de la Educación Ambiental, celebrado el pasado 26 de enero, nos invita a reflexionar sobre todo lo que nos puede aportar y, más allá de celebrar, es una oportunidad para reforzar nuestro compromiso con la sostenibilidad y con la preparación frente a la emergencia climática. Los centros de trabajo, las asociaciones, las aulas y las administraciones tienen la responsabilidad de integrar esta formación en sus agendas.
El conocimiento es nuestra mejor herramienta frente a los retos climáticos y, a través de la educación ambiental, tenemos la oportunidad de transformar la preocupación en acción, la vulnerabilidad en resiliencia y la inacción en los cambios que necesitamos para lograr un futuro mejor para todas las personas.
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