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Opinión

Politóloga

Lo de Trump va en serio

Donal Trump en la Casa Blanca.

Donal Trump en la Casa Blanca. / Efe/A.S.

La ola reaccionaria crece y sobrevuela el mundo como si lo hiciera con las alas de un halcón. Mientras pensamos qué hacer, cómo afrontarlo, el tiempo pasa y la sinrazón avanza. Cierto es que hoy, lo de pensar cotiza a la baja. En la lentitud a la hora de dar respuestas regulatorias por parte de las democracias a desafíos como la IA o las redes sociales, se encuentra parte del problema. La percepción es la de dos mundos desincronizados donde la rapidez de los cambios juega a favor del populismo. Asusta la progresión de la intolerancia y del racismo que hacen crecer el apoyo social hacia esa visión de la política carente de humanidad. Una nueva autocracia se abre paso revestida de legitimidad porque cuenta con base social, gana las elecciones. Lo de Trump va en serio. Solo lleva unas semanas en la Casa Blanca y la palabra desasosiego cobra relevancia en el diccionario de la política. La propuesta de sacar a los palestinos de la Franja de Gaza supera los límites del realismo político. Es una limpieza étnica en toda regla, una provocación a la comunidad internacional y el desprecio más absoluto a los Derechos Humanos. Está entronizado y lidera un nuevo autoritarismo muy peligroso que, aparentemente, no presenta una actitud antidemocrática, sino la idea de contundencia frente a quienes incumplen la ley, dibujando un nuevo marco de división social entre buenos y malos. Lo que está cambiando es la idea de seguridad: el refugio que ofrece el líder fuerte frente al estado protector. Una suerte de nuevo paradigma que voltea los principios sobre los cuales se asentó la democracia, el estado del bienestar y las relaciones internacionales. Desde esas dos formas diferentes de entender la seguridad, se abre la grieta que dividirá al mundo. A un lado, el líder fuerte que protege a los buenos levantando muros, encerrando a los migrantes irregulares como terroristas o, ahora, pretendiendo expulsar a los palestinos de sus tierras. Al otro lado, el estado protector que vigila que no se vulneren derechos, que universaliza la asistencia sanitaria, la educación o construye prestaciones ante posibles inclemencias. Lo de Trump va en serio y es antidemocrático.

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