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Opinión

València

Eurovisión, al borde del abismo

El festival debe pensar en expulsar a Israel. RTVE debe presionar tras las amenazas y darle una vuelta al Benidorm Fest

Melody representa a España con 'Esa Diva' en la final de Eurovisión 2025

Melody representa a España con 'Esa Diva' en la final de Eurovisión 2025 / Martin Meissner

Mi intención no era hablarles de cuestiones geopolíticas, pero he cambiado de opinión. Fueron 20 o 30 segundos eternos, al borde del colapso, pensando que los genocidas de Israel podían ganar Eurovisión. Los 178 puntos del público a Austria, ganador con JJ y su «Wasted love», fueron un tremendo alivio. No fue mi favorito, pero me alegró su victoria casi tanto, como si España se hubiera llevado el micrófono de cristal

Eurovisión se ha salvado por segunda vez, este año por la mínima, de una victoria de Israel, aupada por un televoto distorsionado. Puede que no haya una tercera y gane en 2026. Tal vez sea incluso necesario para abrir el debate sobre su expulsión o no —una discusión que RTVE ha intentado fomentar, sin éxito—, pero ni los seguidores del festival, ni sus 70 años de historia, se lo merecen. 

Grandes televisiones, como la española, son las que deben presionar a la Unión Europea de Radiotelevisión (UER) a ello, vista la poca predisposición de la organización. Su carta con amenaza de sanciones a Televisión Española es inadmisible. Los comentaristas, Julia Varela y Tony Aguilar, hicieron referencia a las 50.000 muertes en Gaza, 15.000 de ellos niños, en la semifinal del jueves durante la presentación de Israel. Un hecho «fáctico», que diría Mazón. La organización los reprendió. Un aplauso a Televisión Española por su mensaje escrito, justo antes del festival: «Paz y justicia para Palestina». En la retransmisión, deberían haber sido un poco más audaces, repetir el discurso y comprobar si había realmente sanción por lanzar mensajes políticos. 

Es intolerable que la UER se posicione con Israel y trate de acallar a uno de los países del Big5 que más financiación aporta al evento. La salida de España del festival podría provocar un aluvión de ausencias. Sorprende la amenaza cuando la delegación y periodistas israelíes llevan dos años intimidando, amenazando y tratando de acallar a otros artistas y al público, sin recibir una sola amonestación. Por no hablar del blanqueamiento político continuo. ¡Basta, ya! 

Como fan de Eurovisión, pido una vuelta a los valores del respeto, la diversidad y la paz. Se debería exigir en todos los ámbitos. Se habla mucho de Eurovisión e Israel, pero los aficionados al deporte también deberían pedir su exclusión de los Juegos Olímpicos o las competiciones de la FIFA, así como en tantos otros ámbitos. 

Otro 'bottom' para España

Hablemos de España. Melody no convenció a Europa, con una propuesta un tanto desfasada, propia de la década de los 2000, pero que defendió como una jabata sobre el escenario. No fue sorprendente. Desde su victoria en el Benidorm Fest, pocos apostaban por un buen resultado y se cumplieron los pronósticos. Al llegar Eurovisión, todos nos emocionamos con ella, «una diva valiente y poderosa», bailamos, agitamos las banderas y aplaudimos a rabiar. Al final, patriotas o no, nos venimos arriba; más con ella, a la que hemos visto crecer y transformarse de niña en artista. Al inicio de las votaciones, con tres países dándonos puntos consecutivamente, llegué a pensar: «no quedaremos tan mal». También me dejé llevar por la emoción, lo confieso. 

A Melody hay que agradecerle su entrega, su trabajo y, básicamente, su participación. Subirse al escenario de Eurovisión no es fácil para ningún artista, consolidado o debutante, pero lo es menos aún en el caso de los españoles porque el público patrio es tremendamente apasionado y analiza todo al detalle. En ocasiones con críticas en demasía negativas o destructivas. Recuerden como Chanel abandonó las redes sociales tras su victoria en el Benidorm Fest. 

Reflexión para el Benidorm Fest

En realidad, de eso quería hablarles hoy inicialmente. También ahí tiene Televisión Española mucho por hacer y mucho por reflexionar. Después de dos años entre los seis peores, el discurso no puede ser conformista y la delegación debe hacer autocrítica de su desempeño. Los dos primeros años de la preselección fueron de alto nivel. Pese a los resultados dispares, pocos peros para las candidaturas de Chanel y Blanca Paloma. En los dos siguientes, ha habido fallos. Con Nebulossa, en el escenario al no sacar todo el potencial posible a la canción. Con Melody, «Esa diva» y pensar que Eurovisión sigue anclado en el 2000. A lo mejor, lo está la delegación y se necesita exigir cambios. 

Melody from Spain performs the song "ESA DIVA" during the Grand Final of the 69th Eurovision Song Contest, in Basel, Switzerland, Saturday, May 17, 2025. (AP Photo/Martin Meissner)

Melody from Spain performs the song "ESA DIVA" during the Grand Final of the 69th Eurovision Song Contest, in Basel, Switzerland, Saturday, May 17, 2025. (AP Photo/Martin Meissner) / Martin Meissner / AP

Lo esencial es tener buenas canciones. Eurovisión es un programa musical. Para muestra Italia, quien siempre envía temas de calidad y funciona. Veremos si los cambios anunciados, aun por llegar, permiten recuperar la esencia del primer Benidorm Fest. Entonces, nos ilusionamos pensando que la victoria estaba más cerca. Lo dudo ahora. ¡Quién sabe! Tal vez ya no tengamos ni festival. Eurovisión está al borde del abismo

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