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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

La vía Puig

Ximo Puig este viernes en la Universitat d'Estiu de la UJI a Benicàssim.

Ximo Puig este viernes en la Universitat d'Estiu de la UJI a Benicàssim. / EP

Dos años y diez días después del cambio electoral, Mazón pide elecciones en Madrid y Morant/Baldoví aquí. Compromís sigue con sus habituales líos que siempre salva en la prórroga, y el PSOE valenciano resetea sus familias en tres: clásicos, narcisistas y promesas. Vamos con los primeros. Ximo Puig conoce bien el vacío que se le hizo a Lerma, aunque con la diferencia que el VI president necesita más transcendencia que el Primer. Mientras que una sobremesa con habano era suficiente para los fieles lermistas, el ximismo, más barroco, precisa de una fundación con apoyo intelectual y un manifiesto reglamentario, como los de toda la vida. En eso está el embajador de la OCDE, como si se aburriera en París, impensable para cualquier ilustrado de pedigrí. No solo mantiene abierta la oficina de su exPresidència en València, sino que pretende impulsarla, agrupando a todos los federalistas conocidos en una plataforma alejada de partidismos.

Puig tiene carencia por estas plataformas. De memoria, me sale una Fundación Progresista Municipal cuando era candidato a liderar su partido; la que promovió luego con Orengo para el impulso de los servicios públicos en el ámbito local; la María Cambrils que creó cuando era secretario general y a la que puso al frente a Ciprià Ciscar; y la que está a punto de presentar en sociedad. Seguro que me he dejado alguna por el camino, aunque la reflexión siempre sea necesaria, y haya pescado compañeros de viajes de reconocido prestigio, intuyo que no está nada contento con sus herederos. Incluso pretende situarse para el futuro imperfecto, como ya anda su mentor Zapatero. Quizás barrunta que el PSOE acabará sin ideas después de Sánchez y se anticipa al secarral con la producción de argumentarios socialdemócratas plurales y diversos para lo que se avecina.

Nada más lejos de desilusionarle, pero alguien debería avisarle de la era del instante, aunque bien visto, si Tony Blair tiene una fundación, también puede nuestro VI president.

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