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Opinión | En el barro

València

Oiga, ¿en qué lado está usted?

¿Qué es más bochornoso: que no sepamos nada de las cámaras del centro de emergencias valenciano ni del Palau de la Generalitat el 29 de octubre o que el teléfono móvil del fiscal general haya quedado extrañamente vacío?

Mazón, el domingo en la concentración de Madrid contra el Gobierno.

Mazón, el domingo en la concentración de Madrid contra el Gobierno. / Europa Press

Hay días que a la hora de los informativos del mediodía, con mi bolsa de palomitas para los grandes espectáculos en una mano y el mando en otra, no puedo dejar de preguntarme en qué lado estoy. Hoy toca el fiscal general del Estado. El auto del juez lo deja al borde del banquillo de los acusados y unos ponen el foco en esa imagen insólita y otros en cuestionar los razonamientos del señor magistrado, que llega a decir que Álvaro García Ortiz actuó “a raíz de indicaciones” del Gobierno. Y uno piensa en la ya notable literatura judicial de la causa de la dana de Valencia y observa que los mismos que ahora jalean la resolución del juez Hurtado son los que cuestionan las de la jueza de Catarroja (el PPCV dijo que se extralimitaba en la valoración de responsabilidades al señalar a la Generalitat) e incluso ponen en duda que esté dirigiendo ella las diligencias. Y los mismos que ahora subrayan los puntos débiles del auto del juez del Tribunal Supremo son los que asumen y jalean la principal conclusión hasta ahora en la instrucción de la riada: que la actuación del Consell, responsable de la emergencia, fue “tardía” y “errónea”. Así que todo acaba en qué lado es el tuyo. A partir de ese momento, puedes respirar y dejar de agobiarte. La vida no es tan complicada si dejas de hacerte preguntas complicadas y dejas de mirar al otro lado de la puerta.

Por ejemplo, ¿qué situación es más insostenible, la del presidente valenciano, Carlos Mazón, tras la gestión de la gran riada o la del fiscal general, tras quedar a un paso de ser juzgado? O también: ¿qué es más bochornoso, que no sepamos nada de las cámaras del centro de emergencias valenciano ni del Palau de la Generalitat el 29 de octubre de 2024 y no tengamos tampoco registros sonoros de esa tarde fatídica o que el teléfono móvil del fiscal general haya quedado vacío y sin ningún contenido que aclare qué hizo el día del bulo sobre el novio de Isabel Díaz Ayuso? Si usted tiene claras las respuestas le felicito: está en sintonía con el mundo de hoy. Coja el móvil y desahóguese con un par de improperios contra los que no ven la realidad como usted. Si todavía está pensando y lo ve todo muy difuso, es posible que acabe en terapia o en un club de inadaptados.

Políticamente, diría que las cosas empiezan a pintar peor para la izquierda (suele suceder en estas atmósferas asperas), porque mientras Mazón, vista la manifestación de Madrid, atisba opciones de erigirse en icono a reivindicar por los suyos, todo el turbio asunto de Leire Díez ha penetrado ya en la órbita mediática más sensible a los postulados del Gobierno. Y por ahí se empiezan a minar legitimidades y a favorecer abstenciones, como comprobaron los Clinton en Estados Unidos cuando Donald Trump parecía un aspirante a político de risa.

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