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Opinión | Trencar l'enfit

Subdirectora de Levante-EMV

Sánchez: 'Bufes de pato' en el peor momento

De todas las explicaciones que ha dado el presidente del Gobierno sobre la trama de corrupción me quedo con una ausencia: la falta de respuesta sobre porqué fallaron, cada año, los mecanismos de control para evitar lo que ha sucedido.

Pedro Sánchez, en su reciente comparecencia en Ferraz.

Pedro Sánchez, en su reciente comparecencia en Ferraz. / Javier Lizón

Cualquier valenciano o persona residente varios años en esta preciosa y a la par compleja tierra habrá escuchado en alguna ocasión la popular expresión 'bufes de pato'. 'Això són bufes de pato'. Mis abuelos solían utilizarla cuando alguien intentaba justificar lo injustificable o, simplemente, cuando el sujeto en cuestión buscaba excusas o daba explicaciones extrañas sobre un hecho determinado que podía ser desde llegar tarde por la noche, echar la culpa a otro o vete tú a saber qué. Si se busca en el diccionario, la traducción suele ser 'cosas inútiles', aunque Google va despistado y, si se busca la expresión, remite a una serie de buffets libres donde el plato principal está protagonizado por esta solicitada ave de la familia de las anátidas.

Cuando lean este artículo, decenas de periodistas y opinadores habrán dicho la suya sobre las diferentes comparecencias de Pedro Sánchez a raíz del tremendo escándalo de corrupción que afecta a varios miembros (o exmiembros, para que no me digan) del PSOE. Uno de ellos llegó a ser ministro y otro, poca broma, el número tres de la formación. Mucho se ha escrito de los terribles audios rebosantes de machismo y soberbia y de ese 'pido disculpas' del presidente del Gobierno que tanto nos recordó el jueves a la famosa disculpa 'real' por el asunto Corinna y el elefante. Otro momento tristemente histórico para nuestras retinas, y eso que no teníamos ni idea entonces de todo lo que todavía nos faltaría por ver, conocer y vivir, desde una pandemia mundial a una dana sin nadie al timón, por decir algo.

Conocer que alguien nos ha estafado o engañado siempre es un golpe duro, sea en el ámbito privado o en el público. No es un plato de buen gusto darse cuenta -o peor, que alguien te diga- que has regalado tu confianza a quien no le daba valor o tus ahorros al zorro que debía cuidar el corral. Aunque dicen que el error nunca lo comete quien confía sino quien abusa, es imposible no sentirse imbécil, aunque lo que verdaderamente duele es la extrema vulnerabilidad que le hacen sentir a uno. No lo vi venir, decía la canción, no lo vi venir. Y, añado, menos mal que no era un tren.

El presidente del Gobierno salió el lunes como un toro enfurecido tras varios días de encierro en la finca toledana de Quintos de Mora. No le cederá, dijo, el Gobierno a la derecha. No, ahora. En 2027, ya veremos. Y eso está bien. Que Dios nos ampare si Vox accede alguna vez a gestionar fondos públicos estatales para recortar derechos de todos. Aquí, desgraciadamente, ya lo sufrimos en el ámbito autonómico y también en muchos municipios, donde trabajar se les ve poco, pero presentar medidas para perseguir el valenciano, la pilota, al colectivo LGTBI, a las mujeres o lo que se les antoje se les da fenomenal. Pero fenomenal.

El problema, señor presidente, es que todavía no nos ha explicado, a pesar de las múltiples preguntas realizadas por mis compañeros de la prensa, cómo es posible que, año tras año, ninguna de las auditorías que su partido sufragó para detectar si alguien se estaba beneficiando del caudal ajeno haya encontrado nada de nada. Ninguna de las auditorías. Año tras año. ¿Qué credibilidad le damos entonces a sus mecanismos de control? ¿Qué confianza nos proporciona a la ciudadanía saber que el escáner que usted instaló para detectar un mero petardo fue incapaz de hallar, durante años, auténticas bombas de nitroglicerina? Nadie es inmune y a todos nos pueden engañar, como el señor Cerdán dice usted que le engañó, pero no todos estamos obligados a tener un mecanismo para poder detectarlo. Usted y su Gobierno debían y deben tenerlo porque gestionan recursos de todos. El suyo falló y los zorros camparon a sus anchas, sea responsabilidad de quien sea.

Cambiarán las personas en la secretaría de Organización de su partido y contraatacará en el Congreso de los Diputados ante una oposición nefasta. Pero mientras no sea capaz de explicar de verdad cómo fue posible que nadie se diera cuenta de nada de lo que estaba sucediendo durante años en su entorno más próximo todo serán, como decían mis abuelos, 'bufes de pato'. Y de las buenas.

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